Se buscan heroínas del montón.

De unos años para acá, de la mano de esta revolución social de la que estamos siendo testigos en cuanto a la igualdad de sexos, ha habido mucha discusión sobre la creación de personajes femeninos en literatura juvenil. Si os fijáis, hay determinadas palabras que resuenan siempre cuando se saca el tema: fuerte, independiente y real. Nos quejamos del estereotipo de mujer en la literatura que, por norma general, aparece como un personaje débil, con poco carisma, que no tiene ningún tipo de fuerza narrativa, que siempre tiene que ser rescatada y su único sentido en la historia es ser el interés amoroso del protagonista masculino. Que, todo sea dicho, la supera en todos los aspectos.

Esto ha cambiado; de nada sirve negar la evidencia. Pero da la sensación de que nos hemos caído por el otro extremo, y ahora se escriben personajes femeninos que son el epítome de todas las virtudes. Ojo, cuidado. Se nos está yendo de las manos.

El personaje de la chica protagonista no tiene por qué ser perfecto, de hecho, no tiene que serlo, bajo ningún concepto. Las “Marie Sue” en literatura juvenil, en especial en distopía y fantasía juvenil, aparecen como setas y están haciendo mucho daño. Los escritores, o bueno, más bien las escritoras (por irónico que parezca), parecen creer que porque estén trabajando con un personaje ficticio, en mundos donde ellas imponen sus propias reglas, pueden crear a este tipo de personajes sin que nadie se lo cuestione. Han perdido de vista un hecho bien simple: los personajes principales no tienen por qué caer bien. Para empatizar con ellos no es necesario que quieras que sean tus mejores amigos, no tienen que ser la repera en todo lo que se proponen.

La historia general es como sigue: tenemos a esta chica protagonista, adolescente o saliendo de la adolescencia, que todos sabemos que es una etapa de nuestras vidas donde estamos más perdidos que un pulpo en un garaje, batallando diariamente contra nosotros mismos y nuestros alrededores, tratando de descifrar quiénes somos o quiénes queremos ser. Claramente, es una etapa sumamente crítica en nuestro crecimiento individual. Entonces, si el escritor/a se inventa que ese personaje, justo en ese momento, sufre un revés bastante importante (familiar, generalmente), no puedes esperar que nadie salga indemne de eso. Sin un solo rasguño, cicatriz o secuela psicológica. Mucho menos un adolescente, donde cualquier contratiempo, por pequeño que sea, tiene los efectos de un cataclismo y la onda expansiva reverbera durante mucho, mucho tiempo después. Explicadme entonces cómo podemos tener este tipo de personajes en literatura. Y sigo.

La única explicación posible

Para mí, el ejemplo más obvio lo he encontrado en “Throne of Glass”, de Sarah J. Maas, también en la trilogía de “Legend” o en La Reina Roja. En ese primer caso, la protagonista perdió todo lo que conocía siendo muy pequeña, incluida su familia sound familiar?. Fue adoptada por uno de los más famosos asesinos de todos los reinos, que la crio para que siguiera sus pasos. Como resultado tenemos a esta joven, de 18 años, la más famosa asesina del continente aunque nadie sabe su identidad ni, obviamente, que es una mujer joven.

 ¿Qué tipo de personaje esperáis con estas premisas? Yo imagino a alguien muy, muy oscuro. Acostumbrado a matar sin remordimientos, porque ha crecido en ese mundo, ha sufrido en sus carnes ese entorno, y ha pagado muy, muy caro llegar a ese nivel. Yo imagino a alguien con unas dotes increíbles para mezclarse con la gente, para aparentar ser mil y una cosas. Alguien roto, más allá de toda salvación, porque no ha conocido otra cosa. Porque ha visto y hecho cosas que nadie jamás debería ver o hacer, mucho menos a esas edades. Alguien que no confía en nadie, que está acostumbrado a hacer las cosas a su modo, sin pedir ayuda.

¿Habéis visto Agent Carter? He ahí una excelente asesina.

Más o menos os hacéis una imagen mental de la clase de embrollo psicológico y social que tiene este personaje. Una sociópata llevada el extremo. Para una historia, alguien así es genial, dados los detalles de su juventud y de su sexo, que no suele ser algo corriente en este tipo de literatura, enfocada a ese tipo de público. A mí me pareció una idea excelente, y esperaba ansiosa ese análisis de moralidad cuando el personaje se encontrara cara a cara con alguien con un sistema de valores completamente opuesto al suyo.

Pero eso no ha ocurrido. Maas me planta un personaje que no parece arrastrar ningún tipo de secuela psicológica, que físicamente es un belleza (a pesar de que estamos hablando de una asesina, que ha tenido un entrenamiento previo, más los años ejerciendo, mezclándose con todo tipo de calaña, que ha pasado años en la cárcel más peligrosa que os podáis imaginar, pero que aun así no tiene ni un arañazo; increíble), y que cae en un triángulo amoroso nada más pisar el palacio del rey. El que se comporte como una auténtica dama de corte podría achacarse a sus dotes de mimetismo, pero esperaba que cuando no tuviera que aparentar, dejara caer la máscara. No olvidemos que es una asesina. Pero no, tampoco pasa esto. Ah, y claro, aparte de ser una preciosidad, se le da todo increíblemente bien. Lo que viene a ser todo. A grandes rasgos, esta es la historia que pudo ser buena, pero no lo fue. El problema de ir con grandes expectativas.

Con todo esto quería decir que habría que hacer un esfuerzo mayor, no solo porque la incoherencia a la hora de crear personajes parece ser algo en lo que caen muchos y que a mí me pone malísima, aunque ya es algo personal, sino también porque perpetúan ese ideal inalcanzable que a quién más le hace daño es a nosotras, chicas. Qué problema hay en mostrar a un personaje con fallos, muchos fallos, con problemas que arrastra y arrastrará toda su vida, porque son hábitos tan arraigados, que han echado raíces tan profundas que es imposible arrancarlas. Qué problema hay en representar la variedad y diversidad que hay en el mundo. Qué problema hay en escribir mujeres como lo que son: personas.

Aquí os dejo a G. R. R. Martin resumiendo en un puñado de palabras lo que yo he tratado de explicar en un puñado de párrafos. Ah, y antes de que se me olvide, si queréis un libro a la altura de las exigencias, no dudéis en leer la segunda parte de la trilogía de “El Mar Quebrado”, de Joe Abercrombie.

 

 

OLE Y OLE

Y hasta aquí mi monólogo diario mensual. ¡Feliz lunes!

PD. Quisiera agradecer especialmente a Sara M. su inestimable ayuda con los GIFs. Tenía un estancamiento serio con ellos.

También a Sara, por norminarme al Versatile Blogger Award. Es todo un honor, aunque no tenga ni idea de cómo funcione 😉

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“Amaranta”, de Care Santos.

Lo primero de todo, antes de que alguien saque conclusiones erróneas, encontré este libro por casualidad en la biblioteca. Es cierto que tenía intención de leerme alguna novela de Care Santos, pero no había decidido cuál, ni cuándo, ni había leído reseñas para hacerme una idea de por dónde empezar. Lo vi un día, y lo cogí sin darle más vueltas al asunto. Ahora, después de leerlo, me arrepiento de haberlo sacado sin buscar antes ningún tipo de referencia.

Con todo esto quiero decir, que no es nada personal contra la autora. De hecho, empecé leyendo el libro sin prejuicios (no deja de ser un premio Jaén de narrativa juvenil, por algo se lo habrían dado), pero a medida que avanzaba, pues… Me fue bastante difícil no empezar a tirarme a de los pelos. Ojo, puede ser que, sin comerlo ni beberlo, me haya topado con el libro más flojo de la autora; por eso, aunque ahora me dedique a hacer una reseña poco amigable, pienso leerme alguno más, que no sea de temática juvenil por si las moscas, no vaya a repetirse lo mismo.

Cuando Amaranta cumple los dieciocho, su madre le organiza una gran fiesta a la que está invitada la alta sociedad del país. Ella se siente muy sola entre tanto lujo. Está más interesada en Isma, un misterioso y guapísimo camarero, que en Sergio, el chico con el que sus padres esperan que salga. Además, su abuelo, el fundador de Bancomundo, le desvela que le ha organizado el resto de su vida… ¿Seguirá el camino que le han trazado, o conseguirá abrirse paso y descubrir su destino?

Tengo que decir que, nada más empezar a leer la primera página, tuve que parar durante unos minutos. No puedo evitarlo, cada vez que veo que en un libro de literatura juvenil meten una conversación de Whatsapp (tal cual, con los bocadillitos, el doble tick y los emoticonos), me sale sarpullido. Es muy probable que sea algo irracional, pero no me gusta ni un poco; y ya cuando ni siquiera escriben bien, empiezan las palpitaciones. Ni nos cobran por letra, ni mandamos SMS, stop this madness. Llamadme anticuada si queréis.

Anticuada pero a la moda, ¿eh?

Ese, sin embargo, no es el mayor problema del libro, ni mucho menos. La historia en sí, no tiene mucho atractivo. Intenta crear un buen momentum a lo largo de toda la trama para que nos sorprendamos con el final, pero todo es humo. No hay por dónde coger la historia, todo parece traído por los pelos, con el único objetivo de llevar a los personajes por donde le interesa a la autora. No tienen una justificación previa, simplemente los contratiempos aparecen de la nada y nosotros tenemos que estar de acuerdo con ello. Todo parece apuntar a que estos saltos completamente aleatorios se deben a la falta de espacio, a lo corta que es la novela. Francamente, 20 páginas no le habrían hecho ningún daño a la historia aunque puede que a mí sí.

Pero no, este tampoco es el mayor problema del libro increíble, ¿verdad? Para mi eterno disgusto, han sido los personajes. Dejando a un lado a la madre, que parece sacada directamente de una novela de Jane Austen, pensando solo en casar a su hija con un buen partido que favorezca a los intereses de todo el mundo, y un padre que parece más un marido florero que el gerente del banco más importante del país; Amaranta (o Mara, como la llaman), la protagonista, se lleva la palma de las incongruencias. Dejadme que haga un repaso rápido.

¿¡Cómo no puedes quererlo!?

Mara es hija única de una familia ridículamente rica. Ella parece sentirse especial (o normal, según por dónde se mire), porque ve que no encaja en ese mundo. Los amigos de sus padres son aburridos, y los hijos de estos unos pijos de cuidado que solo se dan a la buena vida; pero ella es capaz de ver más allá, condenando a los susodichos. Ella, además, se califica como “yo no soy cualquier chica” porque, claro, el resto de nosotras somos iguales y no estamos a su altura. Para alguien que quiere distanciarse de toda esa cumbre de mamarrachos/as ricos, va de culo y cuesta abajo. Tal vez, y solo tal vez, tendría que bajarse ella también del burro. Por cierto, hablando de mamarrachos, no hablemos de Sergio, el pretendiente cargante de Mara, que en un principio Santos lo pinta como tímido, con poca confianza en sí mismo, un buenazo con la cara de un ángel, y que resulta ser no se sabe bien cómo ni por qué un cabroncete de mucho cuidado. Isma, la figura amorosa de la historia, parece ser el único que se salva, aunque roce el cliché.

¿Ok, Mara?

Ah, por cierto, si estás leyendo esto, y tienes 18 años, dime si alguna vez en tu vida has dicho “practiqué el sexo”. Me lo temía, yo tampoco. ¿Tal vez un poco de documentación sobre cómo hablan realmente los adolescentes?

Sigamos con la Gran Mara y Sus Incongruencias. Una de las constantes a lo largo de toda la historia es que siempre se queja de que la gente la reconozca por sus apellidos como la hija de los dos banqueros que están haciéndole la puñeta a un buen número de gente, y que como consecuencia la juzguen a ella también sin siquiera conocerla. Esto no me parece mal, yo también me cabrearía. Lo que ya no me parece tan bien es que cuando (por fin) una persona no la reconoce, se lo tome a mal. Uh, ¿algo falla? Cuatro páginas después, la vuelven a reconocer y dice, textualmente, “salí con la cabeza gacha, deseando que nadie me reconociera nunca más, en ninguna parte”.

La pobre mujer que no supo quién era, recibió el siguiente ataque gratuito: “Otra que no lee los periódicos ni se entera de nada de lo que pasa. Hay un montón de gente así, aunque cueste creerlo”. Horas después, cuando Mara se encuentra de lleno en el maremágnum de gente protestando contra los ladrones de sus padres, le pregunta a su chófer: “¿Qué pasa con las noticias?”. Y aquí no acaba todo, páginas más tarde reconoce que ella apenas ve la tele, a no ser que sea para ver series. Sus padres tampoco, a excepción del ocasional periódico. “No es de extrañar que en mi casa sea difícil estar al día de los asuntos de actualidad”. Internet no existe, parece ser. Pero, oye, “otra que no lee los periódicos ni se entera de nada de lo que pasa. Hay un montón de gente así, aunque cueste creerlo”. Efectivamente, Mara, efectivamente.

I’m confused.

En resumidas cuentas, si no lo leéis, no os estaréis perdiendo gran cosa. Ojo, como dije al principio, tampoco quiero empujaros a creer que esta autora no es buena, porque no sería justo. Me he leído un único libro de los tantos que tiene, y no puedo juzgar su calidad escribiendo basándome solo en este, por malo que me haya parecido. Mi intención es leer otro más, que no sea juvenil, para contrastar. Os haré saber mis impresiones (es difícil superar la mediocridad de esta historia, así que tengo ciertas esperanzas).

¡Feliz miércoles!

Actualización: Dos meses después, he cumplido mi palabra y he leído otro libro de esta autora. Esta vez de literatura “adulta”; Diamante Azul. Aquí os dejo la reseña que he escrito en Goodreads, por si tenéis curiosidad por ver el contraste entre ambos libros 🙂

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“La Guerra Larga”, de Terry Pratchett y Stephen Baxter.

Hace casi dos años cayó en mis manos, por primera vez, el primer libro de una saga de ciencia ficción muy, muy actual, escrita a cuatro manos por Terry Pratchett y Stephen Baxter. Su título era es “La Tierra Larga”, y contaba con unas premisas que difícilmente podía dejar pasar, gustándome este género como me gusta: la idea de los multi-universos, que se deriva de la teoría de las cuerdas. Una serie de galaxias “paralelas” a la nuestra, en las cuales cada Tierra ha sufrido una evolución distinta. Millones y millones de ellas, literalmente al alcance de nuestra mano, a tan solo un cruce de distancia, bien al este, bien al oeste. [Aquí os dejo su reseña].

Como decía, dos años han pasado desde que leí el primero, y aunque encontré alguna que otra cosa que no me terminaba de convencer, tenía toda la intención de seguir leyendo los siguientes tomos. Cuando, finalmente, tuve la oportunidad de hacer exactamente eso con “La Guerra Larga”, me quise convencer a mí misma de que me acordaba perfectamente de las peripecias de Joshua, Lobsang y Sally. Craso error. Tenía un recuerdo vergonzosamente vago de la historia previa. Pero, oye, de perdidos al río. Nadie iguala la cabezonería y el orgullo de los lectores en cuanto a seguir sagas se refiere; y dado que no me salió nada mal la jugada, allá vamos.

La Tierra Larga es un sinfín de mundos paralelos a solo un paso de distancia. La humanidad ha explorado muchos de ellos, impulsando el comercio y la cultura. Pero también ha alterado el equilibrio político de nuestra tierra de origen y la estabilidad ecológica de estos nuevos mundos. Por un lado, la Declaración de Independencia de una lejana colonia provoca la censura del gobierno ultraconservador. Por otro, los humanos han descubierto que los trolls, unos pacíficos humanoides capaces de cambiar de mundo, son muy útiles para el trabajo físico y los utilizan para su beneficio. Ante el inexorable avance de los colonos humanos, los trolls están empezando a desaparecer. En su día, Joshua Valienté lideró la primera misión de exploración de estos mundos múltiples junto con la unidad de inteligencia artificial llamada Lobsang. Ahora, una década después, Joshua se verá obligado a abandonar su vida apacible con su mujer e hijo. La Tierra Larga recurre de nuevo a él porque se avecina una guerra… una guerra distinta a todas las libradas hasta ahora.

La sinopsis resume bastante bien lo que es la idea general. En el primer libro ambos autores se limitaron a hablarnos de lo que era la Tierra Larga, casi como si fuera una introducción, la base sobre la que asentar conflictos posteriores. Para mí, tuvieron un par de problemas: la historia tardó mucho en arrancar, y en momentos concretos se hacía bastante lento. Me dio la sensación de que trataban de abarcar más de lo que podían, en vez de ceñirse exclusivamente a la línea argumental que protagonizaban Joshua y Lobsang. ¿El resultado? Más de una vez me encontré a mí misma divagando sobre todas las posibilidades que ofrecía la Tierra Larga, en vez de hacerme preguntas sobre la trama que los escritores estaban tratando de desarrollar.

Creo sinceramente que en este segundo libro consiguen paliar con bastante éxito estos problemas, aunque me sigue pareciendo que hay demasiadas historias paralelas valga la ironía, demasiados personajes. Pero, a cambio, hay otras tantas cosas increíblemente bien pensadas que inclinan la balanza claramente a favor de la historia, haciendo que yo haya quedado más satisfecha con esta segunda entrega que con la primera.

Para empezar, una vez te familiarizas con lo que es la Tierra Larga y empiezas a entrever la pila de problemas que pueden aparecer, la lectura se hace más sencilla. La población de la Tierra original se ha desperdigado por millones de mundos, creando sus propias poblaciones, con sus propias leyes. No hay un organismo que ponga orden, no hay nadie por encima de ellos que les diga lo que hacer. Los Estados originales se encuentran de golpe y porrazo sin prácticamente gente a la que gobernar, y no es algo que se vayan a tomar bien. Nada bien. Y tratar de extender su autoridad por, literalmente, miles y miles de mundos, es una tarea titánica aparentemente imposible. Es aquí donde radica la idea del libro, condensada en el título. ¿Es posible la existencia de una guerra convencional entre EEUU y esas nuevas poblaciones que buscan la independencia? Realmente, este es un ejercicio muy bueno para ver cómo nuestra historia, sean cuales sean nuestras circunstancias, tiende a repetirse.

Dejando a un lado la trama y los personajes que sirven a esta, tal vez lo que más me haya gustado de esta nueva entrega, y que me recuerda a los grandes clásicos del género, es que la historia queda empequeñecida al lado de la idea científica per se: mundos paralelos. Pratchett y Baxter han decidido que, aunque haya alguna que otra diferencia respecto a nuestra propia galaxia, al menos estos mundos se rijan por las mismas leyes científicas. Y se han asegurado que así sea gracias a un exhaustivo trabajo de documentación, tanto en física como en biología, que no puedo menos que aplaudir y agradecer.

La próxima entrega nos expandirá, aún más si cabe, nuestros horizontes imaginativos. ¡Los infinitos Martes el planeta que no el día de la semana nos esperan!

¡Feliz sábado, cruzadores! ^_^

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Star Wars Episodio VII: El Despertar de los Frikis.

Juro y perjuro que temblaba de la emoción contenida mientras esperaba en la cola para entrar a la sala, con esa sonrisa bobalicona acampada en el rostro, de la que tanto reniego me favorece poquito. No recuerdo otra ocasión en la que, tan solo la idea de ir a ver una película en concreto, me pusiera los pelos de punta de esa manera. ¿Cuando era pequeña no me pasaba, decís? No, realmente no ha habido ninguna película con la que yo contara los días para su estreno. Pero, vaya, ninguna tiene el significado que Star Wars tiene para mí.

Tres semanas después de su estreno, la sala estaba a reventar. Gente de todas las edades, juntos que no revueltos, expectantes, esperando a que el “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…” empezara a rodar.

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Este episodio VII de la saga va camino de ser la película más taquillera de la historia, y aunque bien es cierto que muchos fans la han visto varias veces, eso no explica la cantidad de millones que está cosechando. Eso requiere más gente. Mucha, mucha más gente; pero, ¿de dónde narices han salido?

 

Considerando que, durante bastante tiempo, a los frikis se les nos ha considerado un grupo más bien marginal, en la más amplia extensión de la palabra, resulta muy curioso todo este asunto. Sí, Star Wars ha batido todos los récords de taquilla (casi antes del estreno propiamente dicho, que ya es decir), pero lo ha hecho pasando por encima de, oh sorpresa, Jurassic World y Avatar. Y, para seguir añadiendo más leña al fuego, decidme, ¿cuál es la serie de televisión más en boga ahora mismo? Juego de Tronos. Rayos y truenos, más fantasía y ciencia ficción. Perdonadme la referencia, pero lo de los últimos años ha sido un hear me roar en toda regla por parte de los geeks.

Así que, repito la pregunta. ¿De dónde sale toda esa gente que fue a ver Star Wars vestidos de Obi-Wan, Luke Skywalker, stormtroopers, Darth Vader y compañía? ¿Dónde se meten las miles de personas que abarrotan las Comic Con todos los años? ¿¡Dónde!? Así que, sumando dos más dos, no me queda más remedio que admitir humildemente que mi primera afirmación es errónea. Los frikis no somos un grupo marginal en cuanto a número, nunca lo hemos sido; lo que pasa es que quienes se metían con nosotros eran más ruidosos la historia de siempre.

Francamente, no me resulta nada extraño, porque no hay nada mejor que tener algo que te apasione, sea esto lo que sea. Esa es la verdadera definición de friki; no raro, o marginado, no.

Es cierto que es algo que solemos llevar por dentro, a excepción de la ocasional camiseta, y por eso resulta difícil distinguirnos. Y eso es lo bonito, ¿no? Estamos tan extendidos, en grupos tan diversos, que ya no existe un estereotipo dañino con el que señalarnos. Total, no estamos haciendo daño a nadie, ¿no? Simplemente vemos películas, leemos, nos obsesionamos con series, con personajes, fangirleamos y fanboyeamos qué mal suena entre nosotros, lloramos con los fanfics y babeamos con los fanart, admirando el talento de nuestros “partners in crime”. Hablamos usando más referencias de las que debiéramos, y acogemos con los brazos abiertos a los nuevos conversos, sabedores de que no hay nada mejor que un fandom bien amplio.

En resumidas cuentas, este post pretendía ser un homenaje a vosotros, frikis de la cabeza a ¿las zarpas?, y da igual vuestra condición, de dónde vengáis, a qué fandom pertenezcáis, los de Star Trek, Doctor Who, The Walking Dead, Harry Potter, Señor de los Anillos, a los que les encanta la física, los libros, o las plumas de escribir. Los multifandom o los single-fandom. Vosotros, los nerds, los geeks. Va por vosotros.

Cheers!

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“La Isla de Bowen”, de César Mallorquí.

Estoy casi segura de que todos vosotros, como yo, tenéis una lista de libros que leísteis en algún momento de vuestra vida, de los que apenas recordáis el argumento, ni tampoco el desenlace. Para mí, estos son los libros especiales, porque cuando pensáis en ellos, solo os viene a la mente la sensación, la impresión que os causó. Puede que modificada por los años, magnificada incluso, pero con un poso de verdad que os perseguirá siempre.

Este es el caso de La Isla de Bowen. Tenía un recuerdo muy vago de este libro, tan vago que empezaba a dudar si realmente lo había leído o no. Creo que mezclaba impresiones con otro libro de César Mallorquí, La Catedral (Premio Gran Angular, 1999), que también entró a formar parte de esta lista tan peculiar hace ya unos cuantos años. Así que me dije, mejor salir de dudas, y releerlo.

1920. Todo comenzó con el asesinato del marinero inglés Jeremiah Perkins en Havoysund, un pequeño puerto noruego situado en el Ártico, y con el misterioso paquete que, antes de morir, Perkins envió a Lady Elisabeth Faraday. O quizá la historia empezara antes, cuando se descubrieron unas extrañas reliquias en el interior de una viejísima cripta medieval, pues fue precisamente una de esas reliquias imposibles la causa de que el malhumorado profesor Ulises Zarco, director de la sociedad geográfica SIGMA, se embarcara en una aventura inimaginable a bordo del Saint Michel. Tanto Zarco como su ayudante, Adrián Cairo, han recorrido el mundo enfrentándose a toda clase de peligros, igual que el capitán Verne y su tripulación, o el joven fotógrafo Samuel Durango, e incluso las dos damas inglesas que les han solicitado ayuda; pero ninguno de ellos estaba preparado para afrontar el temible misterio que envuelve a la isla de Bowen, más allá del Círculo Polar Ártico.


 

Este libro, ya de por sí, traía muy buenas referencias (Premio Nacional de Literatura Juvenil 2013 y Premio Edebé de Literatura Juvenil, en 2012) con lo que mal no lo iba a pasar. Aparte, partía con la ventaja de que todo lo que escribe este hombre nunca decepciona, más bien al contrario. Aún recuerdo la montaña rusa de emociones que me causó leer La Catedral, uno de mis libros favoritos por aquel entonces qué mal lo pasé, good Lord, qué tensión.

Ahora bien, ¿qué tiene La Isla de Bowen que lo hace tan especial, merecedor de esos premios y de mi admiración? En mi opinión, que es una excelente novela clásica de aventuras, con una vuelta de tuerca al final. La influencia de Julio Verne es una constante en la historia, no tanto por la forma de escribir, sino por los nombres de ciertos personajes y el carácter de la historia, sobre todo al principio. Pero recordemos que Verne no solo se dedicaba a la simple y llana novela de aventuras, sino que fue uno de los primeros impulsores de la ciencia ficción (que no el padre, para eso tenemos a Mary Shelley). Y si alguna vez leéis el libro, os daréis cuenta de que todo lo que supuso Verne, está incluido en este libro.

Esta, además, es una historia de guiños constantes al lector, de influencias varias (H. G. Wells, Arthur Conan Doyle y, por qué no, Tintín) que componen una historia de texturas increíblemente variadas. Los personajes no se quedan atrás, ni mucho menos. Carismáticos, y llenos de vida, con personalidades claramente definidas, que evolucionan a lo largo de la historia, ninguno de ellos te dejará indiferente (siendo mi favorito el piloto, Yago Castro). Acordaros de mí cuando estéis echando pestes por culpa del profesor Zarco, y animando mentalmente los cortes que Lady Elisabeth le hace, cada vez que quiere dejarlo en su sitio.

You go, Lady Elisabeth!

Esta es una historia con un objetivo. Un misterio que hay que resolver, y una persona a la que hay que encontrar. Este es ese tipo de libro que te hace pasar las páginas casi con ansia, que te obliga a quedarte a altas horas de la noche con el único objetivo de saber qué ocurre al final, y que te deja con un montón de preguntas.

Dejando todas estas buenas palabras a un lado, debo advertiros de algo. Este libro (como bien se intuye en los premios que ha recibido) es un libro que se engloba dentro de la literatura juvenil. Tal vez a los que ya son más mayorcitos (no sé si incluirme en ese grupo) no les interese o no les sorprenda los giros argumentales de esta historia. Realmente, esta reseña la he escrito desde el punto de vista de la niña que fui y que se quedó con la boca abierta al llegar al desenlace. Pero también lo he hecho desde el punto de vista de la joven-casi-adulta que soy, que reconoce el talento cuando lo ve, y se quita el sombrero ante este señor que me ha regalado tantos buenos ratos a lo largo de mi adolescencia.

¡Feliz miércoles y felices fiestas! 😀

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Netflix se sale: Daredevil y Sense8.

Netflix. El paraíso terrenal, la Tierra Prometida para cualquier fan de las series de televisión o películas. Te permite ver capítulo tras capítulo cuándo quieras, cómo quieras. Temporadas completas con un solo click, sin moverte del sofá, de forma legal y con buena calidad. Y acaba de llegar a España. ¿Qué más se puede pedir?

Pues se puede pedir más, sí. Que Netflix haga sus propias series. Y para colmo, que haga estas series en particular. Estas bonitas, radiantes y lucidas series en particular.

Daredevil.

En colaboración con Marvel, Netflix nos trae una nueva versión de este superhéroe, de la mano de Charlie Cox, Elden Henson y Deborah Woll. Esta premisa me llamaba mucho lo atención. Por Charlie Cox, especialmente, seamos sinceros. Ahora bien, el primer pensamiento que se me cruzó por la mente antes de ver la serie fue: “Por favor, por favor, Marvel, no la líes. Ya la has cagado con Ultrón, y nos tomas el pelo porque sabes que los fans vamos a ir sí o sí al cine a ver cualquier mierda que saques, no te aproveches de nosotros otra vez”. Me equivoqué lo cual me alegra infinitamente.

Y, francamente, dudo que esta maravilla de serie sea cosa de Marvel. Es Netflix, de principio a fin. Estamos acostumbrados a ver más bien poca profundidad emocional en los personajes de la franquicia, poco dilema moral, y mucho menos cuestionarse el por qué hacen las cosas. Simplemente, ven un malo y lo liquidan. Fin de la historia. De hecho, es en DC donde encontramos superhéroes que se preguntan si de verdad tienen algún derecho a hacer lo que hacen, si matar es ir demasiado lejos, por muy malísimos que los villanos sean. Vemos personajes que, a pesar de saber que han tomado la decisión correcta, tienen un serio cargo de conciencia, que les deja secuelas.

 

Daredevil tiene eso y mucho más. Tiene personajes coherentes, que rompen estereotipos. Crees que no serán capaces de hacer algo, hasta que ves cómo los llevan a un extremo emocional tan exigente que acaba por romperlos, y esto los hace evolucionar a lo largo de la historia. Es, además, una serie increíblemente humana, y lo podréis comprobar cuando veáis qué es lo que más daño le hace a Matt Murdock de todo lo que pasa.

En definitiva, si os gustan los superhéroes con los humos bajos, los villanos bien construidos, y la acción desde el minuto uno, esta serie no os va a decepcionar. Además, que el opening mola.

Sense8.

imageEn el otro extremo del espectro, tenemos esta serie que no tengo ni idea de cómo clasificarla. ¿Ciencia ficción, paranormal, fantástica? Probablemente un poco de todo. Cuando vi el primer episodio acabé desconcertada. Era raro de narices, no entendía nada, no sabía quién era esa gente, qué pretendían. Pero en vez de desanimarme y dejarla a un lado, quise saber más lo raro me va, ¿ok?. MUCHO MÁS. Intuía que al final lo explicarían todo. Aunque, la verdad, no seguí viéndola por eso. Sino por los personajes y todos los temas candentes que tocaban.

¿Qué hace increíble a Sense8? La diversidad racial de los personajes, todos vienen de países diferentes, y los actores son nativos. Auténticos. También su diversidad en orientaciones sexuales. Hay homosexuales y transexuales, y tratan el tema de forma natural. Como tiene que ser. Hay representación, que es algo increíblemente importante, para mí, al menos. Los personajes femeninos son absolutamente increíbles, con una gran fortaleza pero al mismo tiempo, con inseguridades a patadas. El guión incluye también la desigualdad de género, las religiones y costumbres de los diferentes países. Y mucho, mucho más.

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¿Todos los países que aparecen? Esas escenas se rodaron ahí. No en ningún set en Los Ángeles, con efectos especiales. No. En los propios países, en esas festividades. Contrataron a los extras allí mismo, y hablan en las lenguas que corresponden a cada sitio. Llevan la autenticidad al límite: graban en el propio avión, es el actor quién conduce por Nairobi, es la actriz haciendo de DJ frente a una audiencia real que ni siquiera se dio cuenta. Y esto solo del rodaje.

 

La historia es original, fresca. La dinámica entre los ocho personajes es fluida y no he podido emocionarme más con ellos y cómo se relacionan a medida que avanza la serie. Hay muchísimas cosas que no te esperas, incluido el por qué. Quiénes son ellos ocho, por qué son especiales, por qué los persiguen, por qué les ocurre lo que les ocurre. Este misterio tan bien construido os mantendrá en tensión y con cara interrogante casi hasta el final. Pero merecerá la pena, confiad en mí, sensates no iniciados, jugarán con vuestros sentimientos sin ningún tipo de piedad. No hay otra serie como esta ahora mismo. No perdáis ni un minuto más.

PD. Y, para colmo, este es el nuevo proyecto de Netflix. Ahí lo dejo.

¡Feliz domingo, seriófilas y seriófilos! 😀

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“Edén”, de Stanislaw Lem.

Siguiendo mi cruzada personal de leerme algunos (todos es tarea imposible, por mucho que me duela) de los libros de los grandes autores de ciencia ficción, más tarde o más temprano era inevitable que me topara con el gran maestro polaco, Stanislaw Lem. Llevaba ya un tiempo en busca y captura de Solaris, su gran obra maestra (adaptada al cine un par de veces, por si alguien siente curiosidad), aunque tampoco le hubiera hecho ascos a otros de sus libros, como Fiasco o Máscara, pero dada mi completa falta de resultados, tuve que conformarme con Edén.

Reconozco que, dicho así, da la sensación de que esta obra en particular de Lem no es nada del otro mundo, o que se encuentra entre sus “peores” novelas. No es el caso. Es cierto que mantener una producción literaria de alta calidad a lo largo del tiempo no es factible, somos humanos y constante no es un adjetivo que se nos aplique, pero cualquier cosa que este hombre creara iba ser más que aceptable. Y aquí encontramos a Edén.

    


Tras un accidentado aterrizaje en la superficie del planeta Edén, los seis miembros de la tripulación de una nave espacial consiguen tomar contacto con las criaturas que lo pueblan, sometidas, a su entender, a una tenebrosa tiranía. Pero como siempre que nos enfrentamos a otra cultura, a otra civilización, existen como mínimo dos posibles perspectivas, ambas igualmente válidas: la del que observa y la del que es observado. En esta novela Stanislaw Lem nos recuerda esta realidad tan elemental, como a menudo olvidada, dentro de un relato que desborda fantasía y en el que el autor polaco hace gala una vez más de su capacidad fabuladora y su dominio de los recursos literarios.


Una de las cosas más llamativas de la ciencia ficción es ver cómo cada autor aborda el mismo tema desde ángulos completamente diferentes. Uno de esos temas, que a mí siempre me ha fascinado y del que trataré de leer hasta la extenuación, es la vida extraterrestre (exista o no). Yo venía de leer Némesis, de Asimov, una novela casi desconocida porque, seamos francos, pudiendo leer otras cosas de este señor, para qué conformarse con la que menos éxito ha tenido. No me preguntéis por mis razones, pero la leí. Esta trataba también el tema de la posibilidad de vida alienígena, pero aludiendo a ella como un tipo de conciencia colectiva, formada por millones de entes que, por separado, apenas alcanzaban el suficiente grado de individualidad como para considerarlos seres inteligentes, pero que juntos conformaban algo completamente racional y pensante. La idea me gustó, pero Lem me ofreció en Edén una perspectiva más amplia, y más probable (si es que algo así tiene probabilidad) de ese encuentro nuestro con otros habitantes de las estrellas.

      

Con un estilo más depurado que el de Asimov, Lem te hace reflexionar sobre lo que supondría tal encuentro. Cómo, en un primer momento, el ser humano  no comprendería nada de lo que viera, y trataría por todos los medios de encajar su conocimiento terrestre y su lógica a un tipo de vida que no tiene por qué ser como la nuestra. En otras palabras, antropocentrismo puro y duro. Buscaríamos algún tipo de inteligencia en estos seres, una estructura social (que en este libro parece la de 1984, de Orwell), un pensamiento abstracto, una forma de comunicarse. Asumiríamos esa premisa que nos han enseñado desde siempre: que si hay agua, hay vida; y que esa vida, al tener el mismo origen que la terrestre, evolucionaría de forma similar hasta alcanzar el estadio en el que nosotros nos encontramos. Asumiríamos, también, que esos seres tendrán una fisiología comparable a la nuestra y que, por tanto, es órgano fundamental que es el cerebro, existiría también en ellos.

En resumidas cuentas, esta historia te obliga a pensar. Al estar narrada desde el punto de vista de los personajes, cuentas con la misma información de la que ellos disponen. Ni más, ni menos. Ves a través de sus ojos toda esa extraña civilización que habita el planeta Edén y no puedes dejar de hacer tus propias conjeturas a la vez que ellos hacen las suyas.  Ahora bien, en algo tengo que avisaros, la forma de escribir de Lem, en concreto sus descripciones, son confusas. Me ha costado horrores imaginar los paisajes, edificios y habitantes de Edén, y creedme, es importante que al menos tengáis una idea general de cómo son.

Edén

De todos modos, sostengo la teoría de que Lem lo hizo con toda la intención, para que fuéramos de verdad conscientes de que no es tan sencillo casar las imágenes mentales de nuestras construcciones con las suyas. También mucha de la terminología que usa, como la parte de ingeniería y mecánica del cohete, son un absoluto misterio para mí, no iniciada; o esa palabreja que es procústica, para referirse al sistema de gobierno. Pero, oye, tampoco creo que el no saber (todos podemos informarnos), dificulte su lectura.

Para terminar, voy a lanzar un dilema que se me plantea cada vez que veo o leo algo relacionado con vida alienígena. Hace poco vi la película “I Origins”, y usaron un símil para explicarlo que creo que lo deja muy claro: Los gusanos carecen del sentido de la vista, pero nosotros sabemos, porque podemos percibirlo, que están bañados en la luz del Sol. Ellos (si fueran seres inteligentes, obviously) ni siquiera se plantean su existencia, porque no tienen medio de hacerlo.

¿Y si nos estuviera pasando lo mismo a nosotros? ¿Cuántas cosas existen ahí fuera, de las que no somos conscientes, y nunca lo seremos, simplemente porque no estamos diseñados para ello?

¡Feliz primer lunes de septiembre!

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