“Normal people”, de Sally Rooney.

Que levante la mano toda aquella persona que tiene sus estanterías llenas de libros que no ha leído. Ahora preguntaros la razón detrás de esa necesidad compulsiva de comprar, leer una mínima parte de lo que cogéis, acumular y repetir el ciclo. Dejando esa ansia capitalista a un lado, que se lleva la mayor parte de la culpa, mi excusa número dos es la famosa frase “no es el momento adecuado”. Quiero financiar una investigación científica que me dé la razón lógica y demostrada de por qué mis tripas nunca fallan.

No deja de resultarme curioso, esa situación de ponerme delante de la estantería, echar una ojeada a todo lo que tengo pendiente de leer y, sin saber siquiera de qué va el libro (o teniendo una noción meramente superficial de su trama), decir que “ninguno me llama la atención”. No tengo ninguna razón fundamentada que sostenga mi afirmación, pero al mismo tiempo, estoy completamente convencida de la veracidad de mis palabras. Llamadlo intuición. Y, oye, que no falla nunca.

Cuando, por fin, señalo con el dedo el lomo del agraciado y empiezo a leer, y sigo leyendo, y lo termino, siempre digo “¿cómo es posible que, en mi fuero interno, supiera que este libro tenía que leerlo precisamente ahora, y no hace tres meses, cuando lo compré?”. Y, aunque bien es cierto que no me ocurre con todos los títulos que, de una forma u otra, acaban en mi poder, aquellos que sí que cumplen determinadas características (véase: los he elegido yo, no son “ligeros”, en el sentido de que tratan algún que otro tema sensible o controvertido, llevan más de tres/cuatro meses en lista de espera), tienen un acierto del cien por cien. Ya quisiera yo para mí esa reproducibilidad en el laboratorio, demonios.

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Ahora bien, ¿por qué digo que los he leído en el momento adecuado? Una vez más, no busquéis una explicación que se ajuste a algo remotamente lógico. Sin embargo, aquí existe una tendencia: todas y cada una de las historias que he leído en estas circunstancias tenían algún componente, ya fuera de trama, personaje o escenario, que se asemejaba a mi vida en el momento de leerlas, o en un pasado, ya fuera reciente o lejano. Fueron (y son) historias que me ayudaron, me reconfortaron, me hicieron entender y me permitieron seguir adelante. No es que fueran libros necesariamente optimistas, que me devolvieran la fe en el mundo y la gente que lo habita, sino que, simplemente, me hicieron sentir menos sola. Me aseguraron que lo que me había ocurrido no era exclusivo a mi persona. En definitiva, me ofrecieron comprensión, solaz y perspectiva.

Y, efectivamente, “Normal people”, de Sally Rooney, es uno de estos libros atípicos que le gustan a mis tripas ggrrrr.

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Connell y Marianne han crecido en la misma pequeña ciudad rural de Irlanda. Las similitudes, sin embargo, acaban ahí, puesto que provienen de mundos muy distintos. Cuando los dos consiguen un plaza en el Trinity College, en Dublín, la conexión que ha ido creciendo entre los dos se extenderá en los años venideros.

Esta es una exquisita historia de amor sobre cómo una persona puede cambiar la vida de otra; una simple pero profunda toma de conciencia que se desplegará de una bonita forma a lo largo de la novela. Esta nos cuenta sobre lo difícil que es hablar sobre cómo nos sentimos y nos habla, también, sobre los ciclos de dominancia, legitimidad y privilegio.

qué difícil es traducir

Antes de nada, me veo en la obligación de aseguraros que no es una historia de amor. O, al menos, no es una historia de amor al uso. Esto suena a sinopsis facilona, soy consciente, pero espero aclarar esta cuestión más adelante. Por lo pronto, quería asegurarme de hacer llegar a aquellas personas que no están (o estaban, como era mi caso) en disposición de leer nada remotamente romántico, que se despreocupen. Este libro bien merece la pena ese salto de fe.

Como acertadamente señala la sinopsis, esta historia narra la relación entre Marianne y Connell, dos personas provenientes de ambientes muy distintos, desde el instituto hasta que acaban la universidad. Como ya he señalado con anterioridad en reseñas de otros libros, esta es una historia que se engloba dentro de lo que son las historias de personajes. No hay una trama de por sí, no hay giros argumentales, no hay una introducción-cuerpo/conflicto-desenlace, tan solo la evolución de esa relación. Cómo cambia a lo largo de los años, pero esencialmente sigue siendo la misma. Cómo giran ambos personajes alrededor de ese centro de gravedad, y cómo reaccionan a ella según maduran y se redescubren a sí mismos.

Imagen prestada de left-handlibrary

Esta premisa no es nada nuevo. Como esta, hay miles de historias. ¿Qué es lo que la hace diferente, pues? ¿Por qué estuvo nominada al prestigioso premio Man Booker? ¿Por qué está tan de moda ahora, su portada verde pistacho por todos lados?

Hace poco escuchaba un podcast que, entre otras cosas, hablaba de la música country. Señalaba cómo sus letras son puramente emocionales. En este género musical, casi no se habla de otra cosa que no sean las relaciones humanas, en todas sus formas y colores; y en un porcentaje muy alto de casos, te hacen llorar. O, como mínimo, te provocan una respuesta emocional, ya sea trayéndote a la mente algún recuerdo en particular o arrancándote un buen suspiro. Que no te dejan indiferentes, vamos. ¿La explicación? Son diametralmente opuestas a la música pop en que no son nada generalistas. Es decir, parafraseando, son extremadamente concretas en lo que narran. Y es precisamente ese dar detalles lo que hace que rompamos diques. Tenemos esa tendencia a agarrarnos como a un clavo ardiendo a cualquier narración que se asemeje, aunque sea remotamente, a la nuestra propia. Nos buscamos, constantemente, en las historias que escuchamos. O leemos. Somos seres diseñados para comparar, para detectar patrones, paralelismos o conexiones. Dame concreción y me cuajo en un plisplás.

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Actual footage of my softie a**

La historia de Marianne y Connell es una historia universal, sí, pero altamente específica, adecuada a su situación y sus respectivas personalidades. Inevitablemente, yo me he buscado y me he encontrado entre sus líneas. De una manera desconcertante, además. Decisiones que toman, uno y otro, las he tomado yo. Decisiones y acciones que no tienen ningún tipo de lógica, además, pero que surgen como respuesta a estímulos y situaciones similares. Ha habido momentos donde, verdaderamente, he entendido el desencadenante de algún comportamiento mío que solo puedo calificar de estúpido, tan solo por analogía con lo que estaba leyendo. Y lo mismo para comportamientos ajenos, de personas de mi entorno. Rooney apela a nuestra dualidad, a esta naturaleza nuestra donde proclamamos nuestra racionalidad, al mismo tiempo que enarbolamos instintos que no son nada lógicos.

El atractivo de la novela no acaba ahí. Rooney escribe de una forma dinámica, muy, muy amena, con capítulos cortos y cambiando la voz narrativa de Marianne a Connell constantemente. Tal vez, la única pega que le pondría son los saltos temporales. Hay momentos en los que no sabes muy bien a qué momento se está refiriendo, aunque bien es cierto que te encuentras rápido. Sorprende, también, la capacidad para crear personajes. Con cuatro pinceladas rápidas sabes quién es quién, dándoles una profundidad que evolucionará según pasan las páginas.

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En resumidas cuentas, y para terminar, haciendo referencia a lo que comentaba en la introducción de esta reseña, sobre el momento adecuado de leer según qué libros, puedo decir que lo cogí en el mejor momento. Y me alegro infinitamente de haberlo hecho. Para mí, este libro representa todo lo que fue, y todo lo que pudo ser, pero que al final no fue.

Desde aquí, os animo a que le deis una oportunidad. Os puedo asegurar que, aunque alguna que otra cosa os resultará completamente foránea, incómoda incluso, habrá momentos en los cuales os parecerá veros reflejados en uno u otro personaje, o incluso en los dos.

Y, al final, ¿no es por eso por lo que leemos?

 

¡Hasta la próxima, gente normal!

PD. Aviso para navegantes, hasta donde yo sé (lo que dice Goodreads el Omnisciente, más bien) no existe traducción en español. Aunque estoy segura de que estará al caer.

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