The story so far.

Hace más de un año que dejé apartado el blog por falta de motivación. Simple y llanamente, sin excusas. Me enfrentaba en ese momento, además, a una nueva etapa en mi vida y no sabía si iba a ser capaz de compaginar ambas cosas, y mantener al mismo tiempo un cierto nivel de satisfacción con lo que pudiera escribir aquí. En resumidas cuentas, paré. Me tomé un descanso.

Hoy lo retomo y el motivo es doble. El primero es un acuerdo tácito y no escrito, aunque sí apalabrado, con un amigo para apoyarnos y animarnos mutuamente en esta aparentemente fútil empresa de gritarle al vacío virtual sobre nuestras mierdas varias. La segunda, y tal vez la de mayor peso, es que, por circunstancias varias que han ocurrido en los últimos meses y que no vienen al caso en este momento, me he visto en la nada agradable pero necesaria tesitura de revisitar o redescubrir quién soy yo.

Sí, sé que suena dramático a más no poder, pero no encuentro mejor forma de resumir el viajecito interior en el que me hayo inmersa. La versión extendida la podréis sufrir próximamente, cuando me siente a escribirla. Hasta entonces, basta con que os diga que me he embarcado en la titánica tarea de reexaminar qué son aquellas cosas que componen una gran parte de lo que me define como persona. Es decir, qué son aquellas cosas que me mueven, que me generan inquietud, curiosidad, cuáles son mis metas a largo y corto plazo, cómo me estoy tratando a mí misma y a las personas que componen mi círculo cercano, y un largo etcétera. En cierto modo, podría decirse que había perdido de vista todo esto que acabo de listar y eso no puede sino ir en mi detrimento. Imperdonable.

Parte de mi plan de acción para volver a llamar a la puerta del desastre de persona que soy (pero a quien le tengo cierto cariño) es retomar determinadas actividades y aficiones que siempre me han gustado y que abandoné de forma escalonada a lo largo de este último año. Una de ellas era es este blog.

Y a qué viene toda esta verborrea, os estaréis preguntando. En parte estoy compensando por todo el tiempo que he estado callada por aquí, je. Pero, principalmente, es por lo que os acabo de contar sobre revisitar ciertos aspectos de mí misma. En concreto, sobre mis metas. O, más bien, cómo el hecho de que en estos últimos tres meses el focalizar casi la práctica totalidad de mi atención hacia el exterior, ha hecho que pase por alto uno de los hitos más importantes en mi vida. Y os pongo en situación.

No es por tirar de tópicos, pero yo he sido siempre el prototipo de niña curiosa. A medida que crecía, la variedad de temas que atraían mi atención hasta extremos casi enfermizos se hacía más y más ecléctica. Ejemplos de ello puede ser la mitología (griega, romana y celta, por nombrar los principales), o el espacio (constelaciones, estrellas, el origen del universo…). El que se lleva la palma, sin embargo, fue el interés un tanto extraño por los diferentes tipos de códigos secretos inventados y usados a lo largo de la historia, desde la Piedra Rosetta como modelo para descifrar lenguajes largamente olvidados, hasta la máquina Enigma de la Segunda Guerra Mundial, pasando por los métodos que tenían los indios navajos para comunicarse entre ellos. Este último dato me sirvió para acertar la pregunta del medio millón de euros de Quién Quiere Ser Millonario, a la tierna edad de once años. Así como curiosidad.

Tenía libros y libros sobre estos temas, cuadernos llenos de anotaciones y preguntas, hojas fotocopiadas, y teorías rocambolescas que nunca llegué a probar. El caldo de cultivo ideal para alguien que, claramente, iba a acabar en ciencias. No pude ni quise evitarlo, el sentimiento de satisfacción y plenitud que extraía de todo esto me llevó a perseguir ese sueño, que muchos tachan de suicida, de vivir de la ciencia, de investigar. Así que, como en mi casa la filosofía que estaba de moda era la de trabajar hasta que lo consigas, sin dejar nada al azar, me puse manos a la obra para poder, algún día, poder dedicarme a ello. Una carrera de fondo. Años de dedicación, sudor, lágrimas, fracasos y éxitos, y todo lo que se suele decir en esta situación. Ya sabéis cómo va. Todo para cumplir ese sueño, largamente acunado, de poder aportar mi granito de arena al mundo, de satisfacer mi curiosidad, de dar respuesta a las preguntas que me planteara. Como dijo en su día Asimov (y como publiqué en aquella entrada), el mundo es tan, tan grande, tan lleno de cosas por descubrir, y aunque sería imposible conocerlo en su totalidad, sería una auténtica pena pasar por él sin al menos haber intentado comprender o maravillarte con una pequeña parte del mismo.

Hace más de tres meses que alcancé la primera de mis grandes metas. Empecé un doctorado, la ocupación soñada, que además me da de comer. Lo había conseguido.

Y se me pasó completamente por alto.

Podéis imaginaros mi desolación al dame cuenta de ello, hace apenas dos semanas. Había estado tan, tan preocupada por otros asuntos, tan fuera de mi propio radar, que no me había dado cuenta de que uno de mis objetivos vitales se había puesto en funcionamiento. Me enfadé conmigo misma sobremanera. La culpa era enteramente mía.

Cuando me calmé y dejé de autoflagelarme, pude analizar el asunto con cierta perspectiva. Circunstancias personales a un lado, mi “olvido” se podía calificar como un producto de la sociedad actual. Y ya aquí sí que puse el grito en el cielo. Estamos tan centrados en alcanzar nuestras metas, una tras otra, que proyectamos todas nuestras ilusiones y alegrías en el futuro, y una vez las alcanzamos, las desechamos para centrarnos en la siguiente. Y así hasta el final de nuestras vidas. Esa no es forma de vivir. O, al menos, yo no quiero vivir así. Quiero disfrutar del fruto de mi trabajo, saborearlo y permitirme, durante un tiempo, el respirar sin tener que pensar en agobios futuros. En definitiva, y esta es mi autocrítica, tengo que estar presente en el día a día. No proyectar, sino mirar en rededor, a mis pies para ver hasta dónde me han llevado; a mi sombra, para admirar el camino recorrido; y hacia delante, sí, para ver los pasos que me quedan por dar y todas las rosas que tengo que pararme a oler hasta llegar a donde quiera que me lleve ese camino.

Y esta, mis amigas y amigos, es mi historia hasta ahora.

PD: ¡Oficialmente puedo decir que soy CIENTÍFICA! Me llena de orgullo y satisfacción.

PD2: Este es el pistoletazo de salida para retomar la publicación por este canal. Podéis esperar más reseñas y temas literarios varios, así como más carga personal, que para eso me he tomado la molestia de darle un nombre a este blog. ¡Hasta la próxima! 🙂

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