“La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula K. Le Guin.

Soy muy consciente de lo abandonadas que he tenido estas mis tierras, pero creo que el barbecho ha sido más que suficiente y estoy lista para volver a sembrar por fin, so vaga. La última entrada que subí hablaba sobre cómo teníamos que hacer un esfuerzo consciente por darles más visibilidad a aquellas escritoras en la sombra que, a pesar de tener un enorme y demostrado talento, no recibían el reconocimiento que se merecían, por el simple hecho de ser mujeres. Y como no se puede predicar sin dar ejemplo,  yo me he dedicado a hacer justamente eso en los dos géneros que más me gustan: fantasía y ciencia ficción.

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Haciendo una pasada rápida, he leído a la magnífica Nnedi Okorafor y su “Who Fears Death”, las dos precuelas de la saga de los Vorkosigan, “Fragmentos de honor” y “Barrayar”, de otra grande como es Lois McMaster Bujold; y aunque sin ser de género, también he visitado la historia familiar que crea Yaa Gyasi en su “Volver a casa”, además del amargo “En terreno vedado”, de Annie Proulx. En proceso de lectura se encuentran “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood, y “Los senderos del mar”, de María Belmonte.

Ni qué decir tiene que me lo he pasado en grande visitando todos y cada uno de los imaginarios que estas escritoras tan amablemente nos han cedido para nuestro disfrute. Ahora bien, este año he leído también otro libro que no he mencionado arriba, que va a ser el objeto de esta reseña. Un libro que me ha  marcado profundamente, y que ha pasado a convertirse en uno de mis favoritos. Sí, amigos míos, como bien habéis podido leer en el título de la entrada, se trata de “La mano izquierda de la oscuridad”, de mi venerada Ursula K. Le Guin.

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«Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación.» Así comienza su relato Genly Ai, enviado al planeta Gueden, también llamado Invierno por su gélido clima, con el propósito de contactar con sus habitantes y proponerles unirse a la liga de planetas conocida como el Ecumen. Los guedenianos tienen una particularidad que los hace únicos: son hermafroditas, y adoptan uno u otro sexo exclusivamente en la época de celo, denominada kémmer. En Invierno, Ai conoce a Estraven, un alto cargo que le mostrará cuán diferente puede llegar a ser una sociedad donde no existe una diferenciación sexual.

Esta historia que, increíblemente, fue publicada en 1969, trata tantos temas considerados hoy día punteros o revolucionarios, que me hace plantearme la capacidad visionaria de esta grande de la fantasía y ciencia ficción. Pero antes de meterme de lleno en uno de ellos, quería comentaros aquellos rasgos de la novela que más me han llamado la atención.

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Para empezar, una de las cosas que más me gustan de esta historia es cómo Le Guin invierte el punto de vista antropocéntrico que encontramos en muchas novelas de este género, y convierte a los humanos (en este caso, a un único humano, Genly Ai) en los extraterrestres. Somos nosotros los venidos de las estrellas, los que seremos cuestionados, y cuyas costumbres y cultura serán alienígenas para los nativos.

Por otro lado, el world-building usado en Gethen es simplemente brutal. Pensad que la historia no abarca más de 300 páginas, y es libro único. Lo que esta señora crea en tan poco espacio es para quitarte el aliento. El mundo como tal, es un mundo frío, con una geografía característica que va a condicionar no solo la trama de la historia, sino también las características de los diferentes pueblos que lo habitan, de apariencia y costumbres medievales, con algunos reductos de tecnología, aunque no la suficiente para dar el salto al vacío exterior. Todo es sólido, tangible. Creíble. Llegas a la última página y tienes la impresión de haber estado leyendo sobre Invierno durante varios tomos; y esta sensación se ve especialmente reforzada porque estás siendo testigo de la última etapa de Ai en ese planeta. Lo que te lleva a preguntarte dónde narices están los dos primeros libros de la trilogía y las cinco secuelas posteriores que necesitas en tu vida para poder sobrevivir al día de mañana.

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Pero nada de esto es lo que hace tan especial a esta novela. No, señor. La joya de la corona son los habitantes de Gethen. O su fisiología, más bien. Durante años hemos pedido a gritos diversidad en los personajes, ya no solo en términos raciales, sino respecto a su orientación sexual. Y aquí tenemos a esta señora, en fucking 1969, escribiendo sobre una civilización entera de personajes no binarios. Hermafroditas, más concretamente. Una especie asexuada durante la mayor parte de su ciclo reproductivo (somer), que durante un puñado de días adquieren, vía hormonal, órganos genitales masculinos o femeninos (kemmer) en función del ambiente. Es decir, si entran en kemmer cuando otro en su entorno ya lo está y ha adquirido órganos masculinos, ese primer getheniano se decantará por la fisiología femenina, y en caso de quedarse embarazada, la mantendrá hasta el nacimiento. Biológicamente hablando, me parece fascinante. Y las construcciones sociales que se derivan de este hecho están libres del sesgo sexista al que tan acostumbrados estamos en nuestra propia sociedad.

Ahora bien, creo necesario haceros notar cómo Le Guin salva el obstáculo del pronombre con el que referirse a ellos. ¿Qué usar: él, ella, ello? Dejaré que ella misma os explique su solución que, por otro lado, a mí me convence.

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No os voy a engañar, aunque ha sido un lujo leer esta historia, mayoritariamente por este último detalle del sexo; resulta extremadamente difícil desprenderte de tus propios condicionantes para imaginar cómo es, realmente, un habitante de este mundo. Y a Ai le pasa lo mismo. Tendríais que verlo intentar explicar a Estraven (el otro prota, getheniano) cómo son las mujeres y qué las diferencia tanto de los hombres para que hagamos semejantes distinciones de género. Unas risas amargas.

Aquí termina mi reseña (que me hubiera gustado fuera más larga, pero no quería perderos), y no puedo dejar pasar la oportunidad de instaros muy encarecidamente a que leáis esta obra maestra de la ciencia ficción. Esta historia resonará en vuestro interior durante mucho tiempo, madurando, evolucionando. Y os daréis cuenta de la cantidad de cosas que se pueden leer entre líneas, de las preguntas sin repuesta y los “y si”. De cómo la relación entre Genly y Estraven es lo mejor que os puede pasar.

Por otro lado, si tenéis curiosidad sobre otras obras de la autora, siempre podéis daros una vuelta por sus Historias de Terramar, el ciclo Hainish, “La rueda celeste” o “Los desposeídos”. O visitar su página web, perfil en Goodreads o el magnífico trabajo realizado por Taty en Adopta una Autora.

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¡Hasta la próxima, mis queridos habitantes de Karhidish!

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