Yo #LeoAutoras

Soy perfectamente consciente de que el Día de la Mujer fue hace unos días ya y no, no estoy haciendo este post ahora como forma de reivindicar que todos los días son nuestro día (aunque lo piense). Realmente lo hago hoy porque es cuando he podido, je mi vagancia nunca me abandonará. Ahora que hemos dejado eso claro, quería contaros un poco sobre la situación de las autoras o escritoras en la literatura, y qué podemos hacer al respecto.

Creo que todxs, en algún punto, cuando hemos sacado el tema de que hay muy pocas escritoras publicadas y leídas en comparación con escritores, nos hemos encontrado con una serie de personas, con sus excusas y explicaciones baratas bajo el brazo, que nos han hecho poner los ojos en blanco y el grito en el cielo. Desde la típica persona emperrada en que cuando va a una librería no se fija en el sexo del autor, hasta la que afirma rotundamente que eso no es cierto, pasando por las que directamente te sueltan que las mujeres no saben o no son capaces de escribir como los hombres, en especial cuando se refiere a ciertos temas como violencia o política. Y se quedan tan anchos, no os creáis.

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El primer tipo de persona que os he comentado está echando balones fuera. La carga de la tradición y la sociedad patriarcal en la que todos hemos crecido hace que, de forma inconsciente, se tienda a hacer ese tipo de elección, y luego desestimarla como un simple factor de azar. Sin embargo, no podemos olvidar que el porcentaje de libros escritos por hombres a lo largo de nuestra historia es muchísimo (pero muchísimo) más grande que el de las mujeres. Esto se refleja en los catálogos de las editoriales y, por ende, en las estanterías de las librerías. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que, estadísticamente, es mucho más probable que, cuando vas con esa mentalidad, te lleves un libro escrito por un autor.

Y ya no hablemos de los premios de literatura. El Premio Cervantes, con todo su bombo y platillo, uno de los galardones más importantes del panorama nacional, ¿qué nos encontramos? 42 galardonados, de los cuales, solo 4 son mujeres. Hagamos las matemáticas: un 9,5%. Goodness me. Sigamos, Premio Nacional de Poesía un 13% (desde 1977, 5 de 38; de 1924 a 1973, solo a una), de Narrativa un 8% (desde 1977, 3 de 39), de Ensayo un 8% (desde 1975, 3 de 38). Y estos son los premios públicos, digamos. Los que otorgan entidades privadas (aka, las todopoderosas editoriales), como el Premio Nadal o el Planeta, tienen porcentajes del 22% (16 de 73) y 25% (16 de 65), respectivamente. Lo que me da aún más vergüenza. Otros ejemplos pueden ser las colecciones que se venden con los periódicos, donde casi todo son hombres; o las listas de “mejores libros de”. Tres tantos de lo mismo. Así que al segundo tipo de cuñado: wtf are you talking about. Ojo, no os creáis que los españoles somos los únicos catetos, el Premio Nobel de Literatura se lleva su 12% raspado, y el Pulitzer en ficción, a pesar de tener un porcentaje mejor que el resto (31%), se queda lejos de ser paritario. Y la cosa no ha mejorado.

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La pregunta obvia que todos deberíamos hacernos en este punto es por qué. Por qué ha ocurrido esto y, mucho más importante, por qué sigue ocurriendo ahora. Y qué podemos hacer para solucionarlo. La respuesta a la primera cuestión es bastante obvia. Solo tenéis que echarle un ojo al año en que las mujeres consiguieron que las dejaran asistir a la universidad (1910, en España). También podéis considerar el hecho de que no hace tanto tiempo, las mujeres tenían que usar pseudónimos masculinos para poder editar o que las leyeran sin prejuicios. Todos sabemos que incluso a día de hoy, una gran parte de la sociedad considera que la mujer tiene unos ciertos roles y que tiene que ceñirse a ellos; y no, escribir no es uno de ellos. Nunca lo ha sido. Ahora bien, por qué, con las herramientas y la voz con la que contamos en el presente, hemos dejado que esa abominable tradición continúe.

Rotundamente no, no es que las mujeres escriban peor que los hombres, y no, no están menos capacitadas que los hombres para hablar de ciertos temas. Si hay pocas no es porque no valgan para ello, sino porque no han tenido las mismas oportunidades y, por lo tanto, el porcentaje de mujeres que lo han conseguido tiene que ser, por narices, mucho menor. Es de cajón de madera de pino: si cien lo intentan, tienen más probabilidades de que un puñado lo consiga que si solo lo hacen cinco. Y luego está el problema de base de siempre, el sexo no determina tu capacidad para escribir ciertas historias; pero tus vivencias, tu imaginación, tu conocimiento, sí. Es decir, el condicionante aquí eres tú como persona, no como hombre o mujer. Puñetas. Las malditas dicotomías de las narices.

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Este problema de desigualdad, además, se agrava cuando miramos más de cerca y nos fijamos en esa misma representación en géneros literarios concretos. Es una creencia bastante extendida que las mujeres son ases en literatura romántica y que deberían, una vez más, ceñirse al status quo. Ese es vuestro campo, dicen. Las cosas rosas, superfluas y vanas. Eso sí, y agarraos fuerte que vienen curvas, según esa misma creencia popular las grandes historias de amor las escribieron hombres (*cof* Romeo y Julieta *cof cof*). Pasadme las sales, queridos, que me está dando un chunguele. Con el resto de géneros ya no sé ni qué contaros, ¿terror, suspense, policiaco? Hombres, everywhere. Ficción, no ficción; da igual. Y lo que más me duele: fantasía y ciencia ficción. Aquí es donde más echo en falta esa visibilidad. Oh, y no me hagáis empezar con la literatura escrita por y sobre minorías.

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Después de un magnífico ejercicio en este nuestro deporte nacional que es quejarse, es hora de que os dé alguna solución. Aunque muchas veces no lo parezca, en nosotros reside ese maravilloso poder que consiste en dar vida a nuevas realidades. Nosotros, oh consumidores del omnipresente capitalismo, somos los que creamos las reglas. Comprando libros de autoras, sean estas las que sean, estaremos forzando la mano de las editoriales. Pero tenemos que hacer ese esfuerzo consciente. Y no solo eso: escribid reseñas de sus libros, puntuad en Goodreads, pedid que vuestra biblioteca local los tenga en sus estanterías, recomendadlos siempre que podáis, apoyad a las autoras en sus redes sociales y dadles visibilidad en las vuestras. Cread iniciativas como el #LeoAutoras en Twitter, uniros al proyecto Adopta a una autora, seguid a blogs (1, 2) que hablen de ellas, informaos y seguid leyendo. Y al final lo conseguiremos.

¡Feliz juernes!

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