Se buscan heroínas del montón.

De unos años para acá, de la mano de esta revolución social de la que estamos siendo testigos en cuanto a la igualdad de sexos, ha habido mucha discusión sobre la creación de personajes femeninos en literatura juvenil. Si os fijáis, hay determinadas palabras que resuenan siempre cuando se saca el tema: fuerte, independiente y real. Nos quejamos del estereotipo de mujer en la literatura que, por norma general, aparece como un personaje débil, con poco carisma, que no tiene ningún tipo de fuerza narrativa, que siempre tiene que ser rescatada y su único sentido en la historia es ser el interés amoroso del protagonista masculino. Que, todo sea dicho, la supera en todos los aspectos.

Esto ha cambiado; de nada sirve negar la evidencia. Pero da la sensación de que nos hemos caído por el otro extremo, y ahora se escriben personajes femeninos que son el epítome de todas las virtudes. Ojo, cuidado. Se nos está yendo de las manos.

El personaje de la chica protagonista no tiene por qué ser perfecto, de hecho, no tiene que serlo, bajo ningún concepto. Las “Marie Sue” en literatura juvenil, en especial en distopía y fantasía juvenil, aparecen como setas y están haciendo mucho daño. Los escritores, o bueno, más bien las escritoras (por irónico que parezca), parecen creer que porque estén trabajando con un personaje ficticio, en mundos donde ellas imponen sus propias reglas, pueden crear a este tipo de personajes sin que nadie se lo cuestione. Han perdido de vista un hecho bien simple: los personajes principales no tienen por qué caer bien. Para empatizar con ellos no es necesario que quieras que sean tus mejores amigos, no tienen que ser la repera en todo lo que se proponen.

La historia general es como sigue: tenemos a esta chica protagonista, adolescente o saliendo de la adolescencia, que todos sabemos que es una etapa de nuestras vidas donde estamos más perdidos que un pulpo en un garaje, batallando diariamente contra nosotros mismos y nuestros alrededores, tratando de descifrar quiénes somos o quiénes queremos ser. Claramente, es una etapa sumamente crítica en nuestro crecimiento individual. Entonces, si el escritor/a se inventa que ese personaje, justo en ese momento, sufre un revés bastante importante (familiar, generalmente), no puedes esperar que nadie salga indemne de eso. Sin un solo rasguño, cicatriz o secuela psicológica. Mucho menos un adolescente, donde cualquier contratiempo, por pequeño que sea, tiene los efectos de un cataclismo y la onda expansiva reverbera durante mucho, mucho tiempo después. Explicadme entonces cómo podemos tener este tipo de personajes en literatura. Y sigo.

La única explicación posible

Para mí, el ejemplo más obvio lo he encontrado en “Throne of Glass”, de Sarah J. Maas, también en la trilogía de “Legend” o en La Reina Roja. En ese primer caso, la protagonista perdió todo lo que conocía siendo muy pequeña, incluida su familia sound familiar?. Fue adoptada por uno de los más famosos asesinos de todos los reinos, que la crio para que siguiera sus pasos. Como resultado tenemos a esta joven, de 18 años, la más famosa asesina del continente aunque nadie sabe su identidad ni, obviamente, que es una mujer joven.

 ¿Qué tipo de personaje esperáis con estas premisas? Yo imagino a alguien muy, muy oscuro. Acostumbrado a matar sin remordimientos, porque ha crecido en ese mundo, ha sufrido en sus carnes ese entorno, y ha pagado muy, muy caro llegar a ese nivel. Yo imagino a alguien con unas dotes increíbles para mezclarse con la gente, para aparentar ser mil y una cosas. Alguien roto, más allá de toda salvación, porque no ha conocido otra cosa. Porque ha visto y hecho cosas que nadie jamás debería ver o hacer, mucho menos a esas edades. Alguien que no confía en nadie, que está acostumbrado a hacer las cosas a su modo, sin pedir ayuda.

¿Habéis visto Agent Carter? He ahí una excelente asesina.

Más o menos os hacéis una imagen mental de la clase de embrollo psicológico y social que tiene este personaje. Una sociópata llevada el extremo. Para una historia, alguien así es genial, dados los detalles de su juventud y de su sexo, que no suele ser algo corriente en este tipo de literatura, enfocada a ese tipo de público. A mí me pareció una idea excelente, y esperaba ansiosa ese análisis de moralidad cuando el personaje se encontrara cara a cara con alguien con un sistema de valores completamente opuesto al suyo.

Pero eso no ha ocurrido. Maas me planta un personaje que no parece arrastrar ningún tipo de secuela psicológica, que físicamente es un belleza (a pesar de que estamos hablando de una asesina, que ha tenido un entrenamiento previo, más los años ejerciendo, mezclándose con todo tipo de calaña, que ha pasado años en la cárcel más peligrosa que os podáis imaginar, pero que aun así no tiene ni un arañazo; increíble), y que cae en un triángulo amoroso nada más pisar el palacio del rey. El que se comporte como una auténtica dama de corte podría achacarse a sus dotes de mimetismo, pero esperaba que cuando no tuviera que aparentar, dejara caer la máscara. No olvidemos que es una asesina. Pero no, tampoco pasa esto. Ah, y claro, aparte de ser una preciosidad, se le da todo increíblemente bien. Lo que viene a ser todo. A grandes rasgos, esta es la historia que pudo ser buena, pero no lo fue. El problema de ir con grandes expectativas.

Con todo esto quería decir que habría que hacer un esfuerzo mayor, no solo porque la incoherencia a la hora de crear personajes parece ser algo en lo que caen muchos y que a mí me pone malísima, aunque ya es algo personal, sino también porque perpetúan ese ideal inalcanzable que a quién más le hace daño es a nosotras, chicas. Qué problema hay en mostrar a un personaje con fallos, muchos fallos, con problemas que arrastra y arrastrará toda su vida, porque son hábitos tan arraigados, que han echado raíces tan profundas que es imposible arrancarlas. Qué problema hay en representar la variedad y diversidad que hay en el mundo. Qué problema hay en escribir mujeres como lo que son: personas.

Aquí os dejo a G. R. R. Martin resumiendo en un puñado de palabras lo que yo he tratado de explicar en un puñado de párrafos. Ah, y antes de que se me olvide, si queréis un libro a la altura de las exigencias, no dudéis en leer la segunda parte de la trilogía de “El Mar Quebrado”, de Joe Abercrombie.

 

 

OLE Y OLE

Y hasta aquí mi monólogo diario mensual. ¡Feliz lunes!

PD. Quisiera agradecer especialmente a Sara M. su inestimable ayuda con los GIFs. Tenía un estancamiento serio con ellos.

También a Sara, por norminarme al Versatile Blogger Award. Es todo un honor, aunque no tenga ni idea de cómo funcione 😉

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Una respuesta a Se buscan heroínas del montón.

  1. Me ha encantado la reflexión, de verdad. Estoy un poco cansada de leer sobre heroinas perfectas que salvan el mundo sin despeinarse, que son preciosas y que se les da todo bien, incluso ser buenas personas. No conozco a nadie con la suerte de ser así, y no creo que exista. Las chicas de a pie no llegamos nuevas al colegio y el chico más guapo se enamora de nosotras, ni salvamos un mundo distopico sin entrenamiento ninguno. Por eso me gusta tanto cuando conozco a un personaje mundano, con defectos, que no siempre dice las cosas bien.
    Ah, y en lo referente al premio: se trata de un reconocimiento que un blog le da a otro. Se crea un post en el que nominas a unas cuantos blogs (creo que son 11, pero no estoy segura) al mismo premio, cuentas siete cosas sobre ti y pones la imagen del Versatile Bloogger Award. Si no me he explicado muy bien, puedes ver la entrada que hice yo sobre el premio.

    Muchos besos.

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