“Amaranta”, de Care Santos.

Lo primero de todo, antes de que alguien saque conclusiones erróneas, encontré este libro por casualidad en la biblioteca. Es cierto que tenía intención de leerme alguna novela de Care Santos, pero no había decidido cuál, ni cuándo, ni había leído reseñas para hacerme una idea de por dónde empezar. Lo vi un día, y lo cogí sin darle más vueltas al asunto. Ahora, después de leerlo, me arrepiento de haberlo sacado sin buscar antes ningún tipo de referencia.

Con todo esto quiero decir, que no es nada personal contra la autora. De hecho, empecé leyendo el libro sin prejuicios (no deja de ser un premio Jaén de narrativa juvenil, por algo se lo habrían dado), pero a medida que avanzaba, pues… Me fue bastante difícil no empezar a tirarme a de los pelos. Ojo, puede ser que, sin comerlo ni beberlo, me haya topado con el libro más flojo de la autora; por eso, aunque ahora me dedique a hacer una reseña poco amigable, pienso leerme alguno más, que no sea de temática juvenil por si las moscas, no vaya a repetirse lo mismo.

Cuando Amaranta cumple los dieciocho, su madre le organiza una gran fiesta a la que está invitada la alta sociedad del país. Ella se siente muy sola entre tanto lujo. Está más interesada en Isma, un misterioso y guapísimo camarero, que en Sergio, el chico con el que sus padres esperan que salga. Además, su abuelo, el fundador de Bancomundo, le desvela que le ha organizado el resto de su vida… ¿Seguirá el camino que le han trazado, o conseguirá abrirse paso y descubrir su destino?

Tengo que decir que, nada más empezar a leer la primera página, tuve que parar durante unos minutos. No puedo evitarlo, cada vez que veo que en un libro de literatura juvenil meten una conversación de Whatsapp (tal cual, con los bocadillitos, el doble tick y los emoticonos), me sale sarpullido. Es muy probable que sea algo irracional, pero no me gusta ni un poco; y ya cuando ni siquiera escriben bien, empiezan las palpitaciones. Ni nos cobran por letra, ni mandamos SMS, stop this madness. Llamadme anticuada si queréis.

Anticuada pero a la moda, ¿eh?

Ese, sin embargo, no es el mayor problema del libro, ni mucho menos. La historia en sí, no tiene mucho atractivo. Intenta crear un buen momentum a lo largo de toda la trama para que nos sorprendamos con el final, pero todo es humo. No hay por dónde coger la historia, todo parece traído por los pelos, con el único objetivo de llevar a los personajes por donde le interesa a la autora. No tienen una justificación previa, simplemente los contratiempos aparecen de la nada y nosotros tenemos que estar de acuerdo con ello. Todo parece apuntar a que estos saltos completamente aleatorios se deben a la falta de espacio, a lo corta que es la novela. Francamente, 20 páginas no le habrían hecho ningún daño a la historia aunque puede que a mí sí.

Pero no, este tampoco es el mayor problema del libro increíble, ¿verdad? Para mi eterno disgusto, han sido los personajes. Dejando a un lado a la madre, que parece sacada directamente de una novela de Jane Austen, pensando solo en casar a su hija con un buen partido que favorezca a los intereses de todo el mundo, y un padre que parece más un marido florero que el gerente del banco más importante del país; Amaranta (o Mara, como la llaman), la protagonista, se lleva la palma de las incongruencias. Dejadme que haga un repaso rápido.

¿¡Cómo no puedes quererlo!?

Mara es hija única de una familia ridículamente rica. Ella parece sentirse especial (o normal, según por dónde se mire), porque ve que no encaja en ese mundo. Los amigos de sus padres son aburridos, y los hijos de estos unos pijos de cuidado que solo se dan a la buena vida; pero ella es capaz de ver más allá, condenando a los susodichos. Ella, además, se califica como “yo no soy cualquier chica” porque, claro, el resto de nosotras somos iguales y no estamos a su altura. Para alguien que quiere distanciarse de toda esa cumbre de mamarrachos/as ricos, va de culo y cuesta abajo. Tal vez, y solo tal vez, tendría que bajarse ella también del burro. Por cierto, hablando de mamarrachos, no hablemos de Sergio, el pretendiente cargante de Mara, que en un principio Santos lo pinta como tímido, con poca confianza en sí mismo, un buenazo con la cara de un ángel, y que resulta ser no se sabe bien cómo ni por qué un cabroncete de mucho cuidado. Isma, la figura amorosa de la historia, parece ser el único que se salva, aunque roce el cliché.

¿Ok, Mara?

Ah, por cierto, si estás leyendo esto, y tienes 18 años, dime si alguna vez en tu vida has dicho “practiqué el sexo”. Me lo temía, yo tampoco. ¿Tal vez un poco de documentación sobre cómo hablan realmente los adolescentes?

Sigamos con la Gran Mara y Sus Incongruencias. Una de las constantes a lo largo de toda la historia es que siempre se queja de que la gente la reconozca por sus apellidos como la hija de los dos banqueros que están haciéndole la puñeta a un buen número de gente, y que como consecuencia la juzguen a ella también sin siquiera conocerla. Esto no me parece mal, yo también me cabrearía. Lo que ya no me parece tan bien es que cuando (por fin) una persona no la reconoce, se lo tome a mal. Uh, ¿algo falla? Cuatro páginas después, la vuelven a reconocer y dice, textualmente, “salí con la cabeza gacha, deseando que nadie me reconociera nunca más, en ninguna parte”.

La pobre mujer que no supo quién era, recibió el siguiente ataque gratuito: “Otra que no lee los periódicos ni se entera de nada de lo que pasa. Hay un montón de gente así, aunque cueste creerlo”. Horas después, cuando Mara se encuentra de lleno en el maremágnum de gente protestando contra los ladrones de sus padres, le pregunta a su chófer: “¿Qué pasa con las noticias?”. Y aquí no acaba todo, páginas más tarde reconoce que ella apenas ve la tele, a no ser que sea para ver series. Sus padres tampoco, a excepción del ocasional periódico. “No es de extrañar que en mi casa sea difícil estar al día de los asuntos de actualidad”. Internet no existe, parece ser. Pero, oye, “otra que no lee los periódicos ni se entera de nada de lo que pasa. Hay un montón de gente así, aunque cueste creerlo”. Efectivamente, Mara, efectivamente.

I’m confused.

En resumidas cuentas, si no lo leéis, no os estaréis perdiendo gran cosa. Ojo, como dije al principio, tampoco quiero empujaros a creer que esta autora no es buena, porque no sería justo. Me he leído un único libro de los tantos que tiene, y no puedo juzgar su calidad escribiendo basándome solo en este, por malo que me haya parecido. Mi intención es leer otro más, que no sea juvenil, para contrastar. Os haré saber mis impresiones (es difícil superar la mediocridad de esta historia, así que tengo ciertas esperanzas).

¡Feliz miércoles!

Actualización: Dos meses después, he cumplido mi palabra y he leído otro libro de esta autora. Esta vez de literatura “adulta”; Diamante Azul. Aquí os dejo la reseña que he escrito en Goodreads, por si tenéis curiosidad por ver el contraste entre ambos libros 🙂

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