“La Guerra Larga”, de Terry Pratchett y Stephen Baxter.

Hace casi dos años cayó en mis manos, por primera vez, el primer libro de una saga de ciencia ficción muy, muy actual, escrita a cuatro manos por Terry Pratchett y Stephen Baxter. Su título era es “La Tierra Larga”, y contaba con unas premisas que difícilmente podía dejar pasar, gustándome este género como me gusta: la idea de los multi-universos, que se deriva de la teoría de las cuerdas. Una serie de galaxias “paralelas” a la nuestra, en las cuales cada Tierra ha sufrido una evolución distinta. Millones y millones de ellas, literalmente al alcance de nuestra mano, a tan solo un cruce de distancia, bien al este, bien al oeste. [Aquí os dejo su reseña].

Como decía, dos años han pasado desde que leí el primero, y aunque encontré alguna que otra cosa que no me terminaba de convencer, tenía toda la intención de seguir leyendo los siguientes tomos. Cuando, finalmente, tuve la oportunidad de hacer exactamente eso con “La Guerra Larga”, me quise convencer a mí misma de que me acordaba perfectamente de las peripecias de Joshua, Lobsang y Sally. Craso error. Tenía un recuerdo vergonzosamente vago de la historia previa. Pero, oye, de perdidos al río. Nadie iguala la cabezonería y el orgullo de los lectores en cuanto a seguir sagas se refiere; y dado que no me salió nada mal la jugada, allá vamos.

La Tierra Larga es un sinfín de mundos paralelos a solo un paso de distancia. La humanidad ha explorado muchos de ellos, impulsando el comercio y la cultura. Pero también ha alterado el equilibrio político de nuestra tierra de origen y la estabilidad ecológica de estos nuevos mundos. Por un lado, la Declaración de Independencia de una lejana colonia provoca la censura del gobierno ultraconservador. Por otro, los humanos han descubierto que los trolls, unos pacíficos humanoides capaces de cambiar de mundo, son muy útiles para el trabajo físico y los utilizan para su beneficio. Ante el inexorable avance de los colonos humanos, los trolls están empezando a desaparecer. En su día, Joshua Valienté lideró la primera misión de exploración de estos mundos múltiples junto con la unidad de inteligencia artificial llamada Lobsang. Ahora, una década después, Joshua se verá obligado a abandonar su vida apacible con su mujer e hijo. La Tierra Larga recurre de nuevo a él porque se avecina una guerra… una guerra distinta a todas las libradas hasta ahora.

La sinopsis resume bastante bien lo que es la idea general. En el primer libro ambos autores se limitaron a hablarnos de lo que era la Tierra Larga, casi como si fuera una introducción, la base sobre la que asentar conflictos posteriores. Para mí, tuvieron un par de problemas: la historia tardó mucho en arrancar, y en momentos concretos se hacía bastante lento. Me dio la sensación de que trataban de abarcar más de lo que podían, en vez de ceñirse exclusivamente a la línea argumental que protagonizaban Joshua y Lobsang. ¿El resultado? Más de una vez me encontré a mí misma divagando sobre todas las posibilidades que ofrecía la Tierra Larga, en vez de hacerme preguntas sobre la trama que los escritores estaban tratando de desarrollar.

Creo sinceramente que en este segundo libro consiguen paliar con bastante éxito estos problemas, aunque me sigue pareciendo que hay demasiadas historias paralelas valga la ironía, demasiados personajes. Pero, a cambio, hay otras tantas cosas increíblemente bien pensadas que inclinan la balanza claramente a favor de la historia, haciendo que yo haya quedado más satisfecha con esta segunda entrega que con la primera.

Para empezar, una vez te familiarizas con lo que es la Tierra Larga y empiezas a entrever la pila de problemas que pueden aparecer, la lectura se hace más sencilla. La población de la Tierra original se ha desperdigado por millones de mundos, creando sus propias poblaciones, con sus propias leyes. No hay un organismo que ponga orden, no hay nadie por encima de ellos que les diga lo que hacer. Los Estados originales se encuentran de golpe y porrazo sin prácticamente gente a la que gobernar, y no es algo que se vayan a tomar bien. Nada bien. Y tratar de extender su autoridad por, literalmente, miles y miles de mundos, es una tarea titánica aparentemente imposible. Es aquí donde radica la idea del libro, condensada en el título. ¿Es posible la existencia de una guerra convencional entre EEUU y esas nuevas poblaciones que buscan la independencia? Realmente, este es un ejercicio muy bueno para ver cómo nuestra historia, sean cuales sean nuestras circunstancias, tiende a repetirse.

Dejando a un lado la trama y los personajes que sirven a esta, tal vez lo que más me haya gustado de esta nueva entrega, y que me recuerda a los grandes clásicos del género, es que la historia queda empequeñecida al lado de la idea científica per se: mundos paralelos. Pratchett y Baxter han decidido que, aunque haya alguna que otra diferencia respecto a nuestra propia galaxia, al menos estos mundos se rijan por las mismas leyes científicas. Y se han asegurado que así sea gracias a un exhaustivo trabajo de documentación, tanto en física como en biología, que no puedo menos que aplaudir y agradecer.

La próxima entrega nos expandirá, aún más si cabe, nuestros horizontes imaginativos. ¡Los infinitos Martes el planeta que no el día de la semana nos esperan!

¡Feliz sábado, cruzadores! ^_^

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