“La Isla de Bowen”, de César Mallorquí.

Estoy casi segura de que todos vosotros, como yo, tenéis una lista de libros que leísteis en algún momento de vuestra vida, de los que apenas recordáis el argumento, ni tampoco el desenlace. Para mí, estos son los libros especiales, porque cuando pensáis en ellos, solo os viene a la mente la sensación, la impresión que os causó. Puede que modificada por los años, magnificada incluso, pero con un poso de verdad que os perseguirá siempre.

Este es el caso de La Isla de Bowen. Tenía un recuerdo muy vago de este libro, tan vago que empezaba a dudar si realmente lo había leído o no. Creo que mezclaba impresiones con otro libro de César Mallorquí, La Catedral (Premio Gran Angular, 1999), que también entró a formar parte de esta lista tan peculiar hace ya unos cuantos años. Así que me dije, mejor salir de dudas, y releerlo.

1920. Todo comenzó con el asesinato del marinero inglés Jeremiah Perkins en Havoysund, un pequeño puerto noruego situado en el Ártico, y con el misterioso paquete que, antes de morir, Perkins envió a Lady Elisabeth Faraday. O quizá la historia empezara antes, cuando se descubrieron unas extrañas reliquias en el interior de una viejísima cripta medieval, pues fue precisamente una de esas reliquias imposibles la causa de que el malhumorado profesor Ulises Zarco, director de la sociedad geográfica SIGMA, se embarcara en una aventura inimaginable a bordo del Saint Michel. Tanto Zarco como su ayudante, Adrián Cairo, han recorrido el mundo enfrentándose a toda clase de peligros, igual que el capitán Verne y su tripulación, o el joven fotógrafo Samuel Durango, e incluso las dos damas inglesas que les han solicitado ayuda; pero ninguno de ellos estaba preparado para afrontar el temible misterio que envuelve a la isla de Bowen, más allá del Círculo Polar Ártico.


 

Este libro, ya de por sí, traía muy buenas referencias (Premio Nacional de Literatura Juvenil 2013 y Premio Edebé de Literatura Juvenil, en 2012) con lo que mal no lo iba a pasar. Aparte, partía con la ventaja de que todo lo que escribe este hombre nunca decepciona, más bien al contrario. Aún recuerdo la montaña rusa de emociones que me causó leer La Catedral, uno de mis libros favoritos por aquel entonces qué mal lo pasé, good Lord, qué tensión.

Ahora bien, ¿qué tiene La Isla de Bowen que lo hace tan especial, merecedor de esos premios y de mi admiración? En mi opinión, que es una excelente novela clásica de aventuras, con una vuelta de tuerca al final. La influencia de Julio Verne es una constante en la historia, no tanto por la forma de escribir, sino por los nombres de ciertos personajes y el carácter de la historia, sobre todo al principio. Pero recordemos que Verne no solo se dedicaba a la simple y llana novela de aventuras, sino que fue uno de los primeros impulsores de la ciencia ficción (que no el padre, para eso tenemos a Mary Shelley). Y si alguna vez leéis el libro, os daréis cuenta de que todo lo que supuso Verne, está incluido en este libro.

Esta, además, es una historia de guiños constantes al lector, de influencias varias (H. G. Wells, Arthur Conan Doyle y, por qué no, Tintín) que componen una historia de texturas increíblemente variadas. Los personajes no se quedan atrás, ni mucho menos. Carismáticos, y llenos de vida, con personalidades claramente definidas, que evolucionan a lo largo de la historia, ninguno de ellos te dejará indiferente (siendo mi favorito el piloto, Yago Castro). Acordaros de mí cuando estéis echando pestes por culpa del profesor Zarco, y animando mentalmente los cortes que Lady Elisabeth le hace, cada vez que quiere dejarlo en su sitio.

You go, Lady Elisabeth!

Esta es una historia con un objetivo. Un misterio que hay que resolver, y una persona a la que hay que encontrar. Este es ese tipo de libro que te hace pasar las páginas casi con ansia, que te obliga a quedarte a altas horas de la noche con el único objetivo de saber qué ocurre al final, y que te deja con un montón de preguntas.

Dejando todas estas buenas palabras a un lado, debo advertiros de algo. Este libro (como bien se intuye en los premios que ha recibido) es un libro que se engloba dentro de la literatura juvenil. Tal vez a los que ya son más mayorcitos (no sé si incluirme en ese grupo) no les interese o no les sorprenda los giros argumentales de esta historia. Realmente, esta reseña la he escrito desde el punto de vista de la niña que fui y que se quedó con la boca abierta al llegar al desenlace. Pero también lo he hecho desde el punto de vista de la joven-casi-adulta que soy, que reconoce el talento cuando lo ve, y se quita el sombrero ante este señor que me ha regalado tantos buenos ratos a lo largo de mi adolescencia.

¡Feliz miércoles y felices fiestas! 😀

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