“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick.

Puede que algún despistado aún se esté preguntando de qué le suena eso de los androides y las ovejas. A estas almas perdidas les daré una pista: una obra maestra del cine se basó en su historia. Tic, tac, tic, tac. ¿Todavía no? Bien, no puedo daros más tiempo, tengo que seguir, o más bien empezar, con esta reseña, así que aquí va: Blade Runner. Ya podéis iros a daros de cabezazos contra la pared, os veo luego.

Para los que seguís conmigo, me encuentro en la obligación de comentaros que este libro, de escaso grosor (apenas llega a las 200 páginas) llevaba en mi pila de “clásicos de la ciencia ficción que alguna vez en mi vida tengo que leer porque si no explotaré como una supernova” desde hacía años. Shame on me, lo sé. Tendría que haberlo leído mucho tiempo antes, siempre me pasa lo mismo. El caso es que esbocé un plan de acción que consistía en leer primero el libro y, acto seguido, ver la película. Esta última ya la había visto antes, pero tenía un agujero negro en cuanto a lo que la historia se refería. O en otras palabras, recordaba haberla visto, pero no tenía ni pajolera idea de lo que iba. Shame on me, otra vez.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque tras haber llevado a cabo este plan maestro, no puedo dejar de hacer una reseña de libro y película a la vez. De hacer un estudio paralelo, una comparativa, si queréis. Por una vez en la historia, la película no es que sea mejor que el libro, sino que se complementan.

La película es una joya cinematográfica, tanto por sus efectos especiales como por sus diálogos, y treinta años después de su estreno aún parece que la hicieron ayer mismo. ¿Su único problema? Para mí la historia, el mensaje, es demasiado abstracto. Le falta un algo que le dé sentido. Y ese comentario a pie de página es el libro.

He oído muchas veces que Blade Runner es mucho mejor que el libro. Que mire a mi alrededor y pregunte si alguien sabe en qué libro se basó la película. Razón no les falta, pero muchos tienen esa visión sesgada que da el hecho de  no haber leído la historia original.

Y aquí es donde llego yo tachaaaaan, que he hecho ambas cosas. La historia que te cuenta el libro no tiene mucho que ver con la de la película, aunque se sostenga sobre los mismos pilares. La forma de escribir de Philip K. Dick recuerda a la de alguno de sus coetáneos. Es una prosa (qué fisno suena) que te transmite oscuridad, desesperanza, falta de vida y decadencia. Un absoluto desamparo. Un mundo donde la guerra no ha dejado apenas nada con vida, y cualquier animal vivo, no mecánico, es un tesoro; donde la mayoría de la raza humana ha emigrado a Marte para no morir por causa del polvo radiactivo (nada de esto está en la peli, más bien al contrario) y los que quedan apenas son sombras de lo que una vez fueron. Es una historia que te agarra por el pescuezo y te obliga a mirar aunque no quieras.

El tema central tanto en la pantalla como en el papel, es la vida. No la vida de nazco, crezco, me reproduzco y muero, eso que pasa por delante de nuestros ojos antes de morir. No, la vida en el sentido de estar vivo, de respirar. De movimiento, de conciencia de uno mismo. Puede que el autor en una de sus salvajes fantasías creyera que en el año 2015 la inteligencia artificial estaría tan avanzada que nuestro único tema de conversación sería si podemos considerar humanos a los androides. Bueno, siento explotar su globo de felicidad, aún estamos peleando para que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres, así que nope. No androides Philip, querido.

De todos modos, ese es el eje central de la historia, y ese es un tema que bien merece su reflexión. ¿Qué es lo que nos hace humanos? Dicen que la capacidad de planear, de empatizar, de razonar. ¿Pero qué ocurre entonces cuando somos capaces de crear algo que hace exactamente eso? ¿Tenemos el derecho de creernos por encima de ellos, de los androides (replicantes, en la peli), de llegar a los extremos de cazarlos y matarlos? ¿Tan divinos nos consideramos, que decidimos quién vive y quién muere? El pobre Rick Deckard, nuestro prota cazador de andrillos, al final acaba con la cabeza como un bombo por culpa de todo esto. Y en la película no quedan tan claros estos dilemas morales. De hecho, nada queda claro. La película es preciosa pero no entiendes la mitad de las cosas que hacen. O dicen.

El libro te hará ver las cosas de otra forma, pero la película también. Ah, y ese monólogo final, ESE MALDITO MONÓLOGO FINAL, no se perderá como lágrimas en la lluvia. No, señor.

¡Feliz Agh, es lunes!

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3 respuestas a “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick.

  1. Naialma dijo:

    No estás sola, yo también tardé mucho en leer el libro (no fue hasta el año pasado xD) y la película la habré visto unas cuantas veces a lo largo de mi vida. Estoy de acuerdo contigo en que un formato no es mejor que el otro, sino que se complementan como dices 🙂
    Desde que lo leí no volví a ver la peli pero eché en falta que en esta apenas mencionen la importancia que le dan a los animales, por ejemplo. Y en el libro me hubiese gustado que Roy Batty saliese más pero bueno, tampoco hay queja. Ambos son recomendadísimos.

    • Pat dijo:

      Sí, realmente del libro apenas conservan los nombres, los personajes principales y la idea que sustenta la historia; lo demás se lo han inventado. Pero, vaya, lo han inventado increíblemente bien. Roy Batty, aunque se le nombra a lo largo del libro, apenas sale en las páginas finales, y es un personaje que en la película tiene una fuerza arrolladora.

      Libro y película tienen cosas geniales, y qué pena que esta situación no haya ocurrido con otras adaptaciones de libros al cine. No pido que sean fieles hasta el último diálogo, pero aquí tienen la prueba de que se pueden hacer grandes cosas con tan solo la idea. Pero no, parece que tienen especial predilección por destripar el libro y sacar películas que incitan al harakiri x)

      Gracias por leer! 🙂

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