(Enter title here)

Algo que encontré en el fondo de mi mente.

 

“Querido A,

Desde hace ya un tiempo para acá, he intentado vivir de acuerdo a unos ideales, ser fiel a ellos y, de ese modo, vivir una vida buena (que no una buena vida). Pero no solo eso, también he querido vivir viviendo.

Después de muchas horas de reflexión, caminos desandados y vueltos a andar, discusiones conmigo misma, valoraciones de los pros, los contras y los “y si”; encontré que la única manera para poder hacer algo remotamente semejante es vivir de tal forma que te arrepientas lo menos posible del pasado. La perfección no existe, por lo que al final te encuentras tomando aquellas decisiones que acarreen el menor número de consecuencias negativas. Siendo francos, no es algo fácil. De hecho, es jodidamente difícil. No deja de ser un intento de adivinación con bola de cristal, un intento fútil de cálculo de variables. Muchas variables, incontables. Prever las consecuencias de tus actos no es, ni será nunca, algo sencillo. Pero todos pasamos por el trance como bien podemos.

Por tanto, mi objetivo era (y sigue siéndolo) pasar por este valle de lágrimas (amargas y dulces) con el menor arrepentimiento, tanto por cosas que hice, como por cosas que no hice. Estas últimas son las que más duelen, ¿verdad? Te dejan un regusto amargo que se asienta en la base de tu estómago y, de vez en cuando, se encargan de recordarte aquel tren que dejaste escapar.

A día de hoy, puedo decir que no me ha ido mal. Con el tiempo aprendes que decisiones enormemente difíciles en su momento, pierden peso con el caer de las hojas. Las lágrimas se secan, las heridas cicatrizan, el dolor desaparece y el recuerdo se difumina, aunque nunca llegue a desaparecer por completo. Suena muy poético, pero es verdad. O al menos, es verdad para mí. Nadie sale de estas encrucijadas intacto. De hecho, no recibirían este nombre si no dejaran marcas indelebles en nosotros, continuos recordatorios de nuestro paso por las vidas de las personas que nos rodean. Al final, ese es el verdadero significado de madurar: aprender a dejar ir. Entender que solo rendimos cuentas ante nosotros mismos. El objetivo último es ser medianamente feliz. Y no todo, ni todas las personas, consiguen ese efecto.

Así que, como decía, no me ha ido mal. O eso creía.

Hay una única decisión de la que me arrepiento profundamente, y no pasa un solo día sin que me martirice con ello. Me atrevería a decir que todos tenemos ese pequeño gran borrón en nuestro expediente particular. Esa persona a la que dejamos ir, a veces empujándola, ayudándola activamente a que se fuera de nuestro lado. Existen motivos varios, tales como discusiones tontas, orgullos que chocan, ignorancia de la situación. Donde se echan las culpas los unos a los otros, se pasan días sin intercambiar una triste palabra, el resquemor creciendo por dentro, alimentado por la firme de creencia de que nosotros, y solo nosotros, tenemos la razón. Qué ciegos, qué obtusos podemos llegar a ser. Puedo llegar a ser.

Con el tiempo me he dado cuenta de que la culpa fue enteramente mía. Que no tengo excusas, aunque en su momento tratara de convencerme de lo contrario. El tiempo da una extraña perspectiva de las cosas que ocurrieron. En algunos casos las oscurece, pero en otros las vuelve diáfanas, claras. Y sé que lo hice mal, rematadamente mal. Creo que por eso nunca llegué a cerrarte mi puerta, a negarte una bienvenida; porque sabía, muy en el fondo, que no tenía derecho a hacer lo contrario.

Este tipo de cosas son las que me impiden seguir adelante. Desearía decírtelo cara a cara. Decirte que lo siento, una y mil veces, con todo lo que tengo. Porque dejé ir a alguien que no se merecía ese trato, infligí un daño sin motivo aparente. A alguien, desde mi punto de vista, único. Lo siento. Lo siento.

Me dijiste una vez que no podía volver y hacer como si nada hubiera pasado. Como si todo aquello que tuvimos pudiera volver con un simple choque de talones. Una vez más, tenías razón. Y a día de hoy, no lo busco. Tampoco lo merezco.

Pero tú sí mereces una disculpa sincera. Aunque haya pasado todo este tiempo.

Cuídate mucho.”

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cosas que a veces escribo, Un petit peu de todo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s