¡Apostemos por la ciencia!

Creo que ya es hora de que mi vocación profesional haga acto de presencia y se dé una vuelta por estos lares. Como habréis podido averiguar del apartado “Acerca de” (o no, a veces lo cambio y desaparece ese pequeño pedazo de información, así que os lo cuento aquí igualmente), soy una estudiante de Farmacia. Antes de que os hagáis vuestra propia película mental, dejadme aclararos algo: no tengo ninguna intención de abrir una farmacia y forrarme. ¿Que podría? Absolutamente. Pero me he criado en un ambiente puramente científico, y ese tipo de mentalidad y de ética al final se te acaban pegando. Y con esto quiero decir que espero acabar mis días de universidad sabiendo que podré dedicarme a investigar sobre alguna enfermedad de la que todavía se desconoce su cura. Muy a pesar mío, conozco cómo funcionan las grandes multinacionales farmacéuticas, cuyo único objetivo es amasar dinero sin que importe todo el daño que puedan infligir al resto de personas en el proceso. A esta gente no les interesa invertir en la “i” de innovación porque les sale más lucrativo vender millones de paliativos que alargan la vida del enfermo, haciendo, a su vez, que siga comprando más medicamentos. La jugada perfecta, oye. No quieren la cura. Y es una realidad.

Me pregunto en qué punto de sus vidas perdieron el norte.

Pero volviendo a lo que nos interesa, no son solo las farmacéuticas las que no proporcionan ningún tipo de recurso económico. Tampoco los gobiernos lo hacen; más bien al contrario, de hecho. ¿Qué futuro nos espera si ni siquiera nos dignamos a invertir en él? Claro que, pensándolo bien, toda esta gente que está ahora en el poder, no son el futuro. No llegarán a ese futuro. Así que realmente les da igual lo que pase dentro de treinta años. Qué panorama tan halagüeño, me dan ganas de saltar… por la ventana, desde un décimo piso.

Pero no. Yo, a diferencia de ellos, sí soy el futuro. Sé con conocimiento de causa que, si yo no lucho por mí, por mis ideales, por mis sueños, por la gente que me rodea; nadie lo hará en mi lugar. A veces me pregunto por qué nadie hace algo, por qué no hay alguien que remueva la tierra y la oxigene. Entonces me doy cuenta de que yo soy un alguien, yo soy ese alguien. Y tú también lo eres. Con esto quiero decir que no te rindas, que ayudar nunca será pecado y que si tus ideales te empujan en una dirección determinada, no luches contra ello.

Ni las grandes empresas, ni los gobiernos nos ayudarán en esto. Pero nosotros tenemos ese extraño poder que otorga la juventud llamado ilusión. Esfuerzo. Superación.

Y siempre se puede ayudar.

Este vídeo es una prueba más de que, si no lo hacemos nosotros, nadie más lo hará. ¡Bravo por ellos! 🙂

 

¡Feliz lunes!

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