Tú eres suficiente.

Hoy voy a escribir una entrada fruto de mi cabreo. Sí, vais a notar un tonillo de enfado a lo largo y ancho de este post, que creedme, es necesario. ¿Por qué? Porque estoy harta. Más que harta. Hace un tiempo escribí sobre el romanticismo, y ahora voy a volver sobre el tema. Sobre el amor, sí. Ese tema tantas veces tocado, llamado, exprimido, violado. Esta vez me toca a mí.

Porque vamos a ver, el otro día debió de coincidir que era el día de “voy a lucir novio”. Venga fotito, tras fotito, tras fotito de la parejita. Que si besitos, que si poses de esta forma y de la otra. Perdonad mi interpretación, pero vaya. Manda narices. ¿Exactamente, querida niña (porque lo siento, no puedo llamarte mujer), qué es lo que pretendes? Porque a mí me das a entender que para ti tu novio no es más que un mero objeto decorativo. Un jarrón que luces orgullosa, tu última adquisición. Un perrito faldero que te sigue y te da y te quiere con toda su alma mientras tú te das esos aires de femme fatale. ¿Qué es lo que pretendes? ¿Dar a conocer al mundo exactamente qué? ¿Tu amor, el suyo? Porque, querida, estás consiguiendo justamente lo contrario a lo que pretendes. ¿Qué buscas? ¿Reconocimiento? ¿Que el mundo sepa lo bien que te va, el mozo guapetón que ha caído entre tus redes? ¿Es eso? ¿Pura inseguridad, necesidad de que te levanten los pulgares y te digan “muy bien, campeona, lo tienes en el bote, definitivamente te quiere”? Porque, ¿sabes qué? Tú a él no lo quieres ni un poquito. Te parece que sí, pero realmente no.

Porque explícame, ¿qué has hecho tú por él? ¿Cuando lo miras qué es lo que ves? ¿Qué sientes? ¿Qué esperas, que te regale cosas, que esté pendiente de ti, que se acuerde de vuestro aniversario? Eres un poco mayor para esas cosas, ¿no crees? Ya has acumulado la suficiente experiencia como para saber que eso no es amor. O por lo menos, no en ambas direcciones.

¿Sabes a lo que aspiro yo? Es bien sencillo. Busco a alguien que sea suficiente. Busco a alguien que cuando me mire, piense justo eso, también: ella es suficiente. Y ahora me explico. Suficiente. Qué narices quiero decir con ello. Como he dicho, es sencillo de explicar. Pues bien, quiero a esa persona que cuando la mire vea algo completo. No quiero ver una cara bonita, un cuerpo esculpido, una talla, una altura o un peso. No. No quiero ver una edad o un nombre. Yo voy a querer con todo mi ser a aquella persona que cuando la mire irradie vitalidad. Una persona que lleve escrito por todo su cuerpo sus sueños y sus ambiciones. Sus miedos, sus terrores, sus anhelos. Sus libros favoritos, lo que cenó ayer, las canciones que se quedan atascadas en su cabeza. Querré a alguien, no por sus defectos, ni por su tozudez o su habilidad para usar las palabras justas para hacer daño. No voy a amar sus defectos. No. Eso es algo perfectamente estúpido. No, voy a amarlo a pesar de ellos. Con ellos. Porque sus errores son parte de él, de su historia, de su persona. Porque la mezcla que se crea entre sus sonrisas y sus ojos brillantes, su aire alicaído cuando falla o sus agobios cuando cree que no será capaz de sobreponerse a algo, hacen que esa persona, para mí, sea suficiente. No quiero añadirle cosas, ni quitarle, tampoco. Es suficiente para mí. Él es suficiente. No tiene que hacer nada para conquistarme, ser él basta.

Por esa persona yo haría lo que fuera. Antepondría cualquiera de mis necesidades a las suyas. Confiaría en él, en sus actos y en sus palabras. No necesitaría que nadie me confirmara lo que yo ya sé. No necesito exhibirlo como a un mono de feria. Son mis sentimientos, mi amor, ¡claro que estoy segura de ellos! Y todo eso, lo quiero para mí, solo para mí. No. No voy a pregonarlo. No me hace falta. Y oye, si encuentras alguna foto de mí así, será porque me hace feliz subirla, y nada más.

Así que basta. Hazte un favor a ti, pero sobre todo a él, y para. Si quieres algo que dure, algo que te llene y te haga sentir como en casa, vas a tener que cambiar de mentalidad. Este asuntillo que es el amor va en ambas direcciones. Siempre. Tú me sacas del hoyo, yo te arrastro fuera del barro. Tú me quieres tal como soy, yo te quiero tal como eres. Y no hay más. Madura. Ya has tenido tiempo para los amoríos adolescentes. Crece. Te irá mejor. Créeme, nada te hará más feliz que verte reflejada en los ojos de esa otra persona y ver que sí, que por un única e increíble vez, eres suficiente.

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