¿Quién dijo que no podía hacerse?

Tenemos esa extraña manía, a veces realmente molesta, de tratar de definir todo lo que nos rodea. De dar adjetivos a todas las situaciones, a todas las cosas, a todas las personas. ¿Por qué lo hacemos? Tal vez sea nuestra omnipresente necesidad de controlar nuestro mundo pero, francamente, con tal de lograrlo muchas veces nos pasamos de la raya.

Nos encanta encasillar, como si algo no pudiera ser varias, infinitas cosas, al mismo tiempo. ¿Por qué poner límites? ¿Por qué no dejar que una cosa, una situación, una relación, se desarrolle como quiera, por puro azar, en cualquier dirección? Estamos empeñados en decir que hay literatura juvenil y literatura adulta, y que ni una ni otra pueden ser ambas a la vez. Que la literatura de género es, como su propio nombre indica, de un sólo género. Pero quisiera ver un único libro en el cual se trate exclusivamente un solo tema. Perdería riqueza por los cuatro costados.

También nos resulta increíblemente fácil decir que una persona es buena o es mala, o que está en un término medio. Nos resulta así, más sencillo lidiar con ello. Porque decir que una persona puede recorrer toda la gama de emociones humanas es demasiado complejo. Porque eso implicaría admitir que nosotros mismos no somos los pequeños dioses perfectos que queremos creer. Y como este, miles de ejemplos. Yo creo que no nos hacemos la idea de la cantidad de cosas que nos estamos perdiendo por esta estúpida manía. Cortamos alas antes de que empiecen a volar. Limitamos, y con ello, cerramos puertas.

Me he dado cuenta a medida que escribo entradas, que soy más positiva, en todos estos temas en los que trato de hacer una crítica, de lo que trato de hacerme creer (paradójicamente). Siempre acabo estos posts, que en un inicio casi lloran por la falta de humanidad que veo; con un ejemplo que, hablando claro, nos salva los trastos a todos. Por lo tanto, voy a terminar esta pequeña discusión conmigo misma con un ejemplo que es todo lo contrario de lo que he hablado arriba. Voy a acabar con una pareja de chicos que, en algún punto de sus vidas, decidieron que encasillarse era un intento inútil para brillar. Que si iban a dejar algún tipo de huella en este mundo, sería porque ante todo, decidieron ser originales y fieles a sí mismos. ¡Bien hecho, 2CELLOS!

(Una visita a su canal de YouTube al día hace que tus niveles de felicidad se incrementen un 5%. Clínicamente testado.)

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