Puntos de inflexión.

Es curioso cómo analizas las cosas que ocurrieron hace tiempo. Cosas que tal vez en ese preciso instante no tuvieron importancia, pero con el paso del tiempo se convierten en pequeños hitos, en puntos de inflexión por los que vives tu vida de cierta manera y no de otra. Esta mañana me ha pasado esto que os cuento. No sabes cómo ni porqué se desencadena en tu cabeza ese recuerdo. En mi caso, me he visto sentada, con unos nueve años, en la mesa, comiendo. Recuerdo que ese día había menestra, y no había cosa que yo odiara más que la menestra. Por lo visto, mi padre se debió de tomar la situación de un modo un tanto filosófico, porque me dijo: “no debes juzgar un libro por su portada“. Yo en ese momento no supe aplicarlo al contexto en el que estaba, y lo tomé literalmente.

Al día siguiente fui a la biblioteca, donde pasaba muchísimo tiempo, por cierto. Recuerdo que me senté con las piernas cruzadas delante de la estantería más baja, cerré los ojos y alargué la mano para tocar los lomos de los libros. Realmente no sabía lo que buscaba al hacer eso, simplemente me dejé llevar, quería hacer lo que me había dicho mi padre. Después de unos minutos de búsqueda, escogí dos libros cuyo tacto me pareció curioso. Los saqué del estante y abrí uno rápidamente, para evitar ver la portada. Leí un párrafo al azar y me gustó cómo sonaba. Y lo cogí, sin saber qué me estaba llevando a casa.

Ese libro resultó ser “La historia interminable”, de Michael Ende. Desde aquel día escogí los libros por su tacto, su olor, y un párrafo al azar. Y fui más allá, y apliqué un método parecido para con las personas. Escogía, y sigo haciéndolo, a las personas que yo creía que merecía la pena conocer por pequeños gestos, por cómo reaccionaban ante ciertas situaciones. Por cosas que decían y cómo se comportaban cuando creían que nadie estaba observando. Los escogía por una y mil razones, la mayoría de las cuales aún me resultan incomprensibles, aunque en su momento fueran perfectamente lógicas. Y hasta hoy, he de decir, que en aquellos que deposité toda mi confianza, todos mis miedos, mis debilidades; hasta hoy no me han fallado. Todo porque una vez le hice caso a mi padre, y no juzgué un libro por su portada.

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2 respuestas a Puntos de inflexión.

  1. Excelente historia, me inspira el afecto que tenes por los libros.

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