Yo #LeoAutoras

Soy perfectamente consciente de que el Día de la Mujer fue hace unos días ya y no, no estoy haciendo este post ahora como forma de reivindicar que todos los días son nuestro día (aunque lo piense). Realmente lo hago hoy porque es cuando he podido, je mi vagancia nunca me abandonará. Ahora que hemos dejado eso claro, quería contaros un poco sobre la situación de las autoras o escritoras en la literatura, y qué podemos hacer al respecto.

Creo que todxs, en algún punto, cuando hemos sacado el tema de que hay muy pocas escritoras publicadas y leídas en comparación con escritores, nos hemos encontrado con una serie de personas, con sus excusas y explicaciones baratas bajo el brazo, que nos han hecho poner los ojos en blanco y el grito en el cielo. Desde la típica persona emperrada en que cuando va a una librería no se fija en el sexo del autor, hasta la que afirma rotundamente que eso no es cierto, pasando por las que directamente te sueltan que las mujeres no saben o no son capaces de escribir como los hombres, en especial cuando se refiere a ciertos temas como violencia o política. Y se quedan tan anchos, no os creáis.

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El primer tipo de persona que os he comentado está echando balones fuera. La carga de la tradición y la sociedad patriarcal en la que todos hemos crecido hace que, de forma inconsciente, se tienda a hacer ese tipo de elección, y luego desestimarla como un simple factor de azar. Sin embargo, no podemos olvidar que el porcentaje de libros escritos por hombres a lo largo de nuestra historia es muchísimo (pero muchísimo) más grande que el de las mujeres. Esto se refleja en los catálogos de las editoriales y, por ende, en las estanterías de las librerías. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que, estadísticamente, es mucho más probable que, cuando vas con esa mentalidad, te lleves un libro escrito por un autor.

Y ya no hablemos de los premios de literatura. El Premio Cervantes, con todo su bombo y platillo, uno de los galardones más importantes del panorama nacional, ¿qué nos encontramos? 42 galardonados, de los cuales, solo 4 son mujeres. Hagamos las matemáticas: un 9,5%. Goodness me. Sigamos, Premio Nacional de Poesía un 13% (desde 1977, 5 de 38; de 1924 a 1973, solo a una), de Narrativa un 8% (desde 1977, 3 de 39), de Ensayo un 8% (desde 1975, 3 de 38). Y estos son los premios públicos, digamos. Los que otorgan entidades privadas (aka, las todopoderosas editoriales), como el Premio Nadal o el Planeta, tienen porcentajes del 22% (16 de 73) y 25% (16 de 65), respectivamente. Lo que me da aún más vergüenza. Otros ejemplos pueden ser las colecciones que se venden con los periódicos, donde casi todo son hombres; o las listas de “mejores libros de”. Tres tantos de lo mismo. Así que al segundo tipo de cuñado: wtf are you talking about. Ojo, no os creáis que los españoles somos los únicos catetos, el Premio Nobel de Literatura se lleva su 12% raspado, y el Pulitzer en ficción, a pesar de tener un porcentaje mejor que el resto (31%), se queda lejos de ser paritario. Y la cosa no ha mejorado.

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La pregunta obvia que todos deberíamos hacernos en este punto es por qué. Por qué ha ocurrido esto y, mucho más importante, por qué sigue ocurriendo ahora. Y qué podemos hacer para solucionarlo. La respuesta a la primera cuestión es bastante obvia. Solo tenéis que echarle un ojo al año en que las mujeres consiguieron que las dejaran asistir a la universidad (1910, en España). También podéis considerar el hecho de que no hace tanto tiempo, las mujeres tenían que usar pseudónimos masculinos para poder editar o que las leyeran sin prejuicios. Todos sabemos que incluso a día de hoy, una gran parte de la sociedad considera que la mujer tiene unos ciertos roles y que tiene que ceñirse a ellos; y no, escribir no es uno de ellos. Nunca lo ha sido. Ahora bien, por qué, con las herramientas y la voz con la que contamos en el presente, hemos dejado que esa abominable tradición continúe.

Rotundamente no, no es que las mujeres escriban peor que los hombres, y no, no están menos capacitadas que los hombres para hablar de ciertos temas. Si hay pocas no es porque no valgan para ello, sino porque no han tenido las mismas oportunidades y, por lo tanto, el porcentaje de mujeres que lo han conseguido tiene que ser, por narices, mucho menor. Es de cajón de madera de pino: si cien lo intentan, tienen más probabilidades de que un puñado lo consiga que si solo lo hacen cinco. Y luego está el problema de base de siempre, el sexo no determina tu capacidad para escribir ciertas historias; pero tus vivencias, tu imaginación, tu conocimiento, sí. Es decir, el condicionante aquí eres tú como persona, no como hombre o mujer. Puñetas. Las malditas dicotomías de las narices.

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Este problema de desigualdad, además, se agrava cuando miramos más de cerca y nos fijamos en esa misma representación en géneros literarios concretos. Es una creencia bastante extendida que las mujeres son ases en literatura romántica y que deberían, una vez más, ceñirse al status quo. Ese es vuestro campo, dicen. Las cosas rosas, superfluas y vanas. Eso sí, y agarraos fuerte que vienen curvas, según esa misma creencia popular las grandes historias de amor las escribieron hombres (*cof* Romeo y Julieta *cof cof*). Pasadme las sales, queridos, que me está dando un chunguele. Con el resto de géneros ya no sé ni qué contaros, ¿terror, suspense, policiaco? Hombres, everywhere. Ficción, no ficción; da igual. Y lo que más me duele: fantasía y ciencia ficción. Aquí es donde más echo en falta esa visibilidad. Oh, y no me hagáis empezar con la literatura escrita por y sobre minorías.

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Después de un magnífico ejercicio en este nuestro deporte nacional que es quejarse, es hora de que os dé alguna solución. Aunque muchas veces no lo parezca, en nosotros reside ese maravilloso poder que consiste en dar vida a nuevas realidades. Nosotros, oh consumidores del omnipresente capitalismo, somos los que creamos las reglas. Comprando libros de autoras, sean estas las que sean, estaremos forzando la mano de las editoriales. Pero tenemos que hacer ese esfuerzo consciente. Y no solo eso: escribid reseñas de sus libros, puntuad en Goodreads, pedid que vuestra biblioteca local los tenga en sus estanterías, recomendadlos siempre que podáis, apoyad a las autoras en sus redes sociales y dadles visibilidad en las vuestras. Cread iniciativas como el #LeoAutoras en Twitter, uniros al proyecto Adopta a una autora, seguid a blogs (1, 2) que hablen de ellas, informaos y seguid leyendo. Y al final lo conseguiremos.

¡Feliz juernes!

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Trilogía de “La maldición del ganador”, de Marie Rutkoski.

Antes de empezar a daros la matraca, quiero daros un poco de información sobre mi persona, para los nuevos: aunque trato de leer lo más variado que puedo y hago esfuerzos conscientes para equilibrar la balanza entre escritores y escritoras, hay ciertos géneros y autorxs que me tiran más que otros. Un vistazo a mis reseñas o a Goodreads deja claro que la fantasía se lleva la palma; como deja ver también que a lo largo de los años he leído mucha fantasía juvenil. Mucha.

No me considero una experta en el tema, aunque sí puedo decir que he acumulado la experiencia suficiente como para ver los patrones; y aunque escribí una entrada hablando de esto, en mi blog no abundan las reseñas de este tipo de libros. ¿Cuál es la razón, entonces, que me lleva a leer tanto de este género pero a reseñarlo tan poco? Amigos míos, si lo hiciera, estaríais leyendo la misma entrada veinte veces. Tal cual. La mayoría de la YA de fantasía actual es un calco, copia de la copia. Las tramas, los personajes y los motivos que los mueven, los finales, y los errores. Sí, los errores. Todos ellos meten la gamba en los mismos sitios. Así que me dije, para qué hablar una y otra vez de lo mismo, que si ya de por sí me repito más que el ajo, qué necesidad tengo de añadir este tipo de estrés a mi vida.

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(Pero en el fondo sí que lo quiero).

Ahora bien, la siguiente pregunta sería (seguidme el hilo de pensamiento aquí), para qué puñetas leo tanta fantasía juvenil si, aparentemente, es toda igual. ¿No tendré otras cosas que hacer o leer con ese tiempo? Touché, queridos, toda la razón. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, yo sigo insistiendo, esperando encontrar algún día un libro que me sorprenda. Este género fue mi trampolín literario, no puedo abandonarlo así como así. En fin, manos a la obra con esta reseña.

Al ser la hija del general de un gran imperio que se deleita en la guerra y en la esclavitud de los vencidos, Kestrel solo tiene dos opciones: unirse al ejército o casarse. Pero ella tiene otros planes. Sin embargo, todo su mundo da un giro radical cuando la chica encuentra su alma gemela en un esclavo cuyos ojos parecen desafiar al mundo entero y, siguiendo su instinto, termina comprándolo por una cantidad ridícula de dinero. Pero el joven guarda un secreto, y Kestrel aprende rápidamente que el precio que ha pagado por otro ser humano es mucho más alto de lo que podría haber imaginado. Que ganar aquello que quieres puede costar todo lo que amas. Ambientado en un mundo imaginario, La maldición del ganador es una historia de conspiraciones letales en la que todo está en juego y es el propio azar el que determinará si sigues a tu cabeza o pierdes tu corazón.

(Vaya sinopsis se han marcado estos, también).
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Las portadas tampoco tienen sentido, considerando que el arma estrella es una daga.

La única razón por la que quiero hacer un comentario de esta trilogía es porque me ha dejado ojiplática, y no en el buen sentido. Para empezar, me resulta inverosímil cómo no hay ningún tipo de concordancia en cuanto a calidad de la trama entre los tres tomos. Ninguna, no la busquéis. El primer libro es un meh muy grande, el segundo te incita al harakiri y el tercero es pasable, casi bueno. Da la sensación de que la autora empezó la saga como se empieza cualquier otra saga de YA fantástica, luego intentó encauzar su historia a terrenos menos clicherosos y le salió el tiro por la culata, y en el tercero parece que consiguió acercarse a su objetivo. Mientras, nos dejó a los lectores loquísimos con semejante despliegue de inconstancia.

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Por otro lado, los personajes están recién salidos del molde. Chico que parece acercarse a un POC pero no queda muy claro tampoco, y chica blanquita como la leche (y no os lo perdáis, ella pertenece al pueblo invasor, el que quiere aplastar al de su amorcete, ¿os suena esto de algo?). Ah, y relación heterosexual no vaya a ser que alguien se ofenda. Lo que a mí sí que me ofende es que, a pesar de lo manoseados que están este tipo de protagonistas, la autora consiguiera construirlos medianamente bien, y que en el segundo tomo los planchara. En otras palabras, ¿por qué pegarse un tiro en el pie intencionadamente?

La construcción del mundo es un poco flojita, pero como tampoco está creando nada innovador (tres países vecinos con sus rencillas y políticas contrapuestas), puedes pasarlo por alto. La trama principal, que ahora os analizaré un poco, es, por decirlo llanamente, mierda pura. Las tramas secundarias (la estrategia política y militar, el peso de la cultura y el idioma cuando dos pueblos tienen que convivir, cómo difieren las economías según el clima y la historia de ese territorio y cómo esta puede ser una ventaja o una desventaja en una guerra, la geografía y cómo puede ser usada en un conflicto), son inteligentes, están muy bien llevadas a lo largo de los tres tomos, de tal forma que cuando hay alguna gran revelación no te parece que se lo hayan sacado de la manga, sino que puedes ver cómo la autora lo ha ido trabajando en silencio durante bastantes capítulos ya. En definitiva, un gran desperdicio.

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McGonagall does NOT approve.

No me hagáis hablar del segundo libro bueno, va, lo haré donde la trama principal tiene más peso. Ay, la trama principal. Creo que todos conocemos de sobra esa sensación de que el hilo amoroso de la historia NO debería estar, bajo ningún concepto, en primera línea, habiendo como hay tramas secundarias mucho más interesantes, que denotan un trabajo en la sombra mucho más exhaustivo. Por poneros un ejemplo, es como si vais al cine, y delante de vosotros, tapándoos la parte central de la pantalla, se pone una parejita a besarse durante toda la película. Esta es la sensación que me ha salpicado parte del primer y tercer libro, y las 400 y pico páginas del segundo.

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Al decir esto, quiero aclarar una cosa: no estoy en contra de las historias de amor. No voy a condenar a un género entero solo porque una pila de libros de juvenil me esté sacando de mis casillas. Hay una diferencia muy grande entre escribir romántica y escribir un libro donde una de las tramas es romántica, y me explico: si estás escribiendo un romance asegúrate de que esa trama o es la única, o es lo suficientemente potente como para ser la principal, porque si no cumples uno de estos dos requisitos, el intento te va a salir rematadamente mal como ha sido el caso.

En resumidas cuentas, no os molestéis en leer esta trilogía. Es probable que ya hayáis leído esta historia en otro libro diferente. Vuestro tiempo, como el mío, es precioso. Aseguraros de que lo empleáis bien (claro que, si os gustan este tipo de historias, enhorabuena, tenéis tres títulos nuevos que añadir a vuestra colección, yay). Ah, y no os dejéis engañar por las valoraciones de Goodreads, son muy traicioneras.

¡Feliz domingo!

PD: Tardaré años en volver a reseñar juvenil fantástica. Si por algún casual veis que he subido una, agarraos fuerte, porque será que he encontrado el Santo Grial de este género.

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No este Santo Grial, ¿eh? Que os veo venir.

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“Trainspotting”, de Irvine Welsh.

Hace ya un tiempo que me propuse que iba a leer variado. Con esto me refiero a que no solo me iba a limitar a leer fantasía y ciencia ficción, por muy feliz que me encontrara haciéndolo, sino que quería ampliar mis miras culturales e incluir otro tipo de literatura, que no sabía si me gustaba o no porque nunca le había dado una oportunidad. Ojo, esto no quiere decir que me vayáis a encontrar leyendo terror, que soy una cagueta de campeonato y mis nervios sufren (soy la Mrs. Bennet del s. XXI). Volviendo al tema que nos ocupa, sí, puedo decir que desde entonces he leído variado, o al menos lo he intentado. Y si a esto le sumamos la sección “Pelibro”, cuando vi Trainspotting no pude resistirme a sacarlo prestado de la biblioteca.

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Terminé de ver la cuarta temporada de SH y, obviamente, eso causa estragos.

Ahora bien, os voy a ser sincera, no  las tenía todas conmigo cuando empecé a leerlo. No es el tipo de literatura que yo suelo frecuentar, ni siquiera en mis intentos por leer libros que se encuentran fuera de mi zona de confort; y la temática, a pesar de tener un conocimiento puramente científico sobre la misma, se encuentra en el extremo opuesto del espectro de quién soy yo como persona. No estaba segura de que fuera a ser capaz de empatizar con nada de lo que estuviera ahí escrito, y tampoco sabía si ese sacarme de la historia iba a funcionar conmigo. En definitiva, era un reto, y yo no iba a dejarme amilanar por esta panda de yonquis escoceses.

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Esta novela se convirtió en uno de los acontecimientos literarios de la última década. Fue rápidamente adaptada al teatro y luego llevada a la pantalla por Danny Boyle, uno de los jóvenes prodigio del cine inglés. Sus protagonistas son un grupo de jóvenes desesperadamente realistas, habitantes del otro Edimburgo, el que no aparece en los famosos festivales, capital europea del sida y paraíso de la desocupación, la miseria y la prostitución, embarcados en una peripecia vital cuyo combustible es la droga.

Ahora que he puesto punto y final a esta historia, me siento en la obligación de comentaros que todos esos sentimientos preconcebidos que os comentaba más arriba no tienen ningún fundamento, y he disfrutado mucho más de lo que esperaba con esta historia. Y no, no he empatizado absolutamente nada con ninguno de los personajes; y mira que son un buen puñado. Más bien me han generado un sentimiento que se mueve entre el desprecio, la pena y la repugnancia. Creo que nunca he leído escenas que me hayan causado tanto asco, de llegar al punto de tener que dejar de leer y apartar la mirada, porque se me estaba poniendo el vello de punta.

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Sin embargo, me ha parecido perfecto el hecho de que el autor no busque un análisis de moralidad, ni haga una crítica de las acciones de sus personajes con el objetivo de darles un sentido o una justificación, o dando a entender que hay algo bueno en esas almas oscuras. No busca que el lector se sienta reflejado, ni intenta que sus personajes caigan bien. Esto es, simple y llanamente, un retrato. Welsh cartografía de forma fiel ese panorama de la clase obrera escocesa de la segunda mitad del siglo pasado, y no se ahorra ningún detalle, por escabroso que sea.

Esa fidelidad a la hora de retratar tiene su máxima expresión en la forma de narrar. Este libro está increíblemente bien escrito, no solo en términos de lenguaje, que es lo más barriobajero e infracoloquial que te puedas imaginar, que ya no es que roce lo burdo y soez, es que está hundido hasta el cuello en él; sino que, de algún modo, consigue mezclar este registro con uno más culto, llegando incluso a hacerlo en la misma frase. El hecho de que esto no te saque a patadas de la lectura revela un nivel de maestría en el uso del lenguaje que más quisiera yo para mí.

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Esto me lleva al siguiente punto relevante, que es el traductor, Federico Corriente. Quisiera hacer desde aquí un pequeño homenaje a su gran trabajo a la hora de traducir este libro, porque tiene mucho mérito. En reseñas de lectores angloparlantes en Goodreads, la tónica general es que se pensaron muy mucho leer este libro porque no estaban seguros de poder entender todo ese slang o jerga escocesa de los años ochenta, sumado a todos los nombres coloquiales diferentes que reciben, no solo las drogas, sino también la forma en que se presentan. El alcohol incluso. Así que un aplauso a Corriente por su increíble labor de documentación. Ole y ole.

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Por otro lado, y vista mi formación universitaria, no puedo dejar de hacer un breve comentario al gran trabajo de documentación realizado también por el escritor. Dio la casualidad de que yo empecé a leer este libro justo cuando en clase estábamos tratando el tema de drogas de abuso, con lo cual tengo una idea bastante precisa de cómo funcionan este tipo de sustancias, sus manifestaciones clínicas, los signos y síntomas tanto de una intoxicación como del síndrome de abstinencia, así como de las estrategias que se usan para deshabituar a estos drogadictos. Os puedo decir que todo lo que leáis que sufren los personajes es real, y no siempre es fácil encontrar libros o películas que se molesten en buscar qué es lo que ocurre cuando una persona toma determinadas drogas. Por poneros un ejemplo, si habéis visto “Réquiem por un sueño”, de Darren Aronofsky, deciros que está todo del revés, y digo yo que buscar si la heroína produce miosis (pupilas puntiformes) o midriasis (más pupila que ojo) no será tan difícil, ¿no? Les pierde el querer que sea todo vistoso *sighs*.

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You got it all wrong, my friend.

En resumidas cuentas, el libro merece la pena. No sé qué tipo de literatura soléis leer vosotros, queridos lectores, pero os puedo asegurar con bastante seguridad que poco puede compararse a esta historia y cómo está contada. No en términos de calidad, ojo, ese es un berenjenal en el que no pienso meterme, pero si buscáis experiencias literarias nuevas, este es un buen sitio para empezar.

¿Y hay Pelibro? El libro y la película, a pesar de compartir bastantes cosas (más de las que yo esperaba en un principio), tienen un tono completamente distinto. No es solo que haya acontecimientos del libro que estén desordenados en la pantalla, o que haya otros que ni siquiera aparecen; sino que la transmisión de esa misma historia (o similar) no tiene nada que ver. Lo que creó Danny Boyle en su momento es una pequeña obra de arte en sí misma. Exuberante, desinhibida, una explosión de información en pocos fotogramas. La música, los diálogos, los colores, los planos, la fotografía… Para volverse loco.

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Parece un collage cosido con toda la inmundicia y podredumbre que rodea a los personajes y su historia. Visualmente hablando, es una experiencia casi, casi alucinógena. Me resulta hilarante el hecho de que la riqueza de la película se use para acentuar lo hundidos en la mierda que están los protagonistas. Si uno analiza fríamente lo que ha visto, y luego lo compara con la sensación tan molesta y descorazonadora que le queda a uno después de los créditos, te das cuenta de la maestría con la que has sido manipulado. Y digo hilarante porque te ríes, bastante, de las situaciones en las que se encuentran los personajes y cómo reaccionan a ellas. Pero no es una risa que te produzca alegría, es la misma comicidad que se ve en un circo cuando al payaso de turno se le incendia su camión de bomberos. Es reírse de la desgracia ajena, y dónde, me pregunto yo, nos deja eso a nosotros, espectadores.

¡Disfruten de este soleado sábado, amigos!

PD: Trainspotting 2 is coming. Y tengo que enterarme ya si está basada en la secuela de este libro (Porno, se llama) o es algo distinto.

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El libro que cambió mi forma de leer.

First things first, que dicen los angloparlantes: ¡Muy feliz año a todos! Espero de todo corazón que en este 2017 que entra todos podáis cumplir vuestros retos de Goodreads sin que os agobiéis (leer se hace por placer, no por obligación, no nos olvidemos), no tengáis bloqueos lectores, encontréis la historia de vuestra vida, descubráis nuevos géneros y autores, y os llevéis pocas decepciones literarias. Ahora que ya hemos dejado eso claro, quería también comentaros que estoy año no voy a hacer ningún top de mejores o peores lecturas del año. Me da peresa, broh. Además, que me he saturado tanto viendo precisamente esto en BookTube que me da tirria solo de pensar en hacer uno yo. Si la curiosidad os puede, un vistacillo a mi reto de Goodreads de 2016 sería suficiente para satisfacerla.

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Just sayin’

Por otro lado, el nuevo año coincide con el cumpleaños de este bonito blog y, para celebrarlo, he decidido sentarme a escribir esta entrada sorteos no hago porque soy pobre,

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que ya me llevaba rondando año y medio, y no os voy a mentir, me hace ilusión. El tema va como sigue, durante un tiempo, en Tumblr, tuvo mucho éxito un post que titularon “The book that changed your reading”, traducido a esta nuestra lengua sería “El libro que cambió tu forma de leer”. Me pareció algo interesante y, en cierto modo, homenajeaba a aquel libro y escritor que supuso un antes y un después en la vida lectora de mucha gente. Me gusta pensar que el que haya gente a la que le guste leer y a otra no, tiene que ver con algo que una vez dijo J. K. Rowling, algo como que “si no te gusta leer, es porque aún no has encontrado el libro adecuado”. De verdad, cada uno hace con su tiempo lo que quiere, pero leer, para mí, es una experiencia única, y ojalá todo el mundo pudiera disfrutar de ella tanto como lo hago yo.

 

Me encanta irme por las ramas. Volviendo al tema que nos ocupa, yo en su momento me planteé cuál había sido el libro que había hecho de punto de inflexión en mi trayectoria lectora. Sabiendo como sé que yo me inicié en la lectura muy pronto, por influencia parental y porque la biblioteca era mi segunda casa DEP Fundación Germán Sánchez Ruipérez, pensé que me sería bastante difícil encontrar qué libro en concreto había hecho un pico en mi electrocardiograma literario que, a simple vista, era más plano que una tabla de planchar. Es decir, no creía que ninguno hubiera tenido tal impacto. Me encantaba y me encanta leer, y ya está.

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The good old days.

 

Como suele pasarme en estos casos, me equivoqué. Sí que hay un libro clave en mi Resultado de imagen de el jinete del dragón cornelia funkevida lectora: aquel que me inició en la fantasía. La historia que me hizo amar este género por encima de los otros, y que me embarcó en más aventuras y mundos de los que yo jamás pude imaginar. Ese libro es El jinete del dragón”, de Cornelia Funke. Antes de que os liste todas mis razones, quiero hacer mención especial a aquella persona que me lo dejó, diciéndome “te tienes que leer esto”. Gracias de todo corazón, A. Esa orden la he recibido y acatado miles de veces después, y nunca has decepcionado; pero esa primera vez siempre será especial.

Pasado el momento meloso, os diré que el libro, realmente, no es nada fuera de lo normal en el territorio de la fantasía. Pero esto os lo digo ahora, catorce años después de haberlo leído por primera vez, después de acumular miles de páginas de bagaje de literatura fantástica. En su momento, causó un auténtico cataclismo en mi percepción de lo que era leer. Se convirtió en una obsesión, lo leí unas veinte veces, de esto que lo acabas eResultado de imagen de embarrassed gif inmediatamente lo vuelves a empezar. Que sepáis que ahí se asentó mi lado geek (mi nacimiento friki os lo contaré en otro momento, porque es bastante embarazoso).

“El jinete del dragón” es una historia clásica de fantasía, con dragones y elfos (peludos), genios, homúnculos. Un malo, una búsqueda, y mucha aventura entremedias. Me volvió loca. Nunca había leído nada parecido. La riqueza imaginativa, cómo se entrelazaba la trama. Lo malo que era el malo. Pero, principalmente, fue la sensación de que todo encajaba. No sabía que era ese todo, no sabía que hubiera algo que encajar, pero la sensación de pertenencia, de haber encontrado EL algo era tan fuerte que, después de devolver el libro a su dueña, tuve que arrastrarme a la librería más cercana, agonizante, porque necesitaba esa historia para vivir.

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Fuentes poco fiables aseguran que esto es lo que realmente ocurrió.

No he vuelto a leer este libro desde que tenía doce años.

Creo que todos podéis imaginar el porqué de esta decisión. Este libro se encuentra a caballo entre la literatura infantil y juvenil, mi experiencia y mis recuerdos es algo que atesoraré siempre. Revisitar ese mundo ahora, como persona adulta, cambiaría mi percepción de la historia, no necesariamente a peor, pero definitivamente la cambiaría. Cada cosa tiene su momento y lugar, y el timing de esa historia fue sencillamente espectacular.

Cornelia Funke es una de las grandes figuras de la literatura fantástica infantil y juvenil y además es súper maja. Obviamente, es una de las escritoras que más influencia han tenido sobre mi gusto por la lectura (Laura Gallego también). “El señor de los ladrones”, otro de sus libros, para el mismo rango de edad, me dejó también sin aliento, y es una historia que no tiene NADA que ver con “El jinete del dragón”. Es una fantasía radicalmente distinta. Y no me hagáis hablar de la trilogía del Mundo de Tinta; creo que todos, en un momento u otro, hemos visitado ese mundo y nos hemos maravillado por igual.

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En resumidas cuentas, me siento afortunada por haber vivido este tipo de “despertar”, y de que la lectura me haya ayudado en tantísimas ocasiones. Os invito a que reflexionéis sobre qué libro supuso una experiencia similar para vosotros, y si queréis contármelo yo estaré encantada de escuchar leer. Y creo que es importante resaltar que DA IGUAL que vuestro libro iniciador sea mainstream, o poco común o incluso os avergüence un poco, vuestra experiencia con él ha sido completamente distinta a la del resto de lectores, e igualmente válida. No olvidéis que os ha hecho amar la lectura, y eso no tiene precio, ni comparación.

¡Feliz año a todos! 😀

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“Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, de Newt Scamander.

Después de dejar en barbecho estas mis tierras durante tres meses, he decidido hacer acto de presencia; y como no puede ser de otra manera, uno no puede volver en condiciones si no lo hace a lo grande go big or go home. En mi caso, me ha parecido correcto celebrar que por fin estoy tan estresada que tengo ganas de escribir (es cuando mi vena creativa aka haz-de-todo-menos-estudiar sale a relucir), con una nueva sección llamada ¡Pelibro!. Si leéis mis entradas con algo de regularidad (la que yo no tengo a la hora de escribir, *cof cof*), notaréis que esta sección ya lleva en funcionamiento un tiempo, aunque yo no le haya dado ningún nombre oficial. Francamente, no es algo nuevo u original, y tan solo me limito a seguir esta corriente, tan vista tanto en blog como booktube, de comparar los libros con sus adaptaciones cinematográficas. Creo que esto aclara por qué he decidido llamar así a la sección. Es un nombre muy tonto pero mucho, lo sé, pero tengo la neurona frita y no se me ocurría nada más, así que conformarse. Además, que no deja de parecerse a “peligro” y eso me gusta, vista la precaución con la que voy al cine a ver este tipo de películas.

Divagaciones aparte, voy a intentar que esta sección sea variada, con libros y películas que no se vean tanto en el panorama bloggeril. Y por eso, hoy empiezo con “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, de Newt Scamander/J. K. Rowling. Palmada en la cara. Ole yo. No podía empezar algo sin contradecirme.

Resultado de imagen de fantastic beasts and where to find them bookPara poneros en situación os diré que sí, pertenezco a esa generación que, literalmente, creció con Harry Potter. Esa generación que leyó los primeros libros antes de que salieran las películas, y que continuó haciendo lo mismo con las últimas entregas. Reconozco que, a pesar de todo ello, no me considero una fan acérrima de la saga, y eso que los dos últimos libros los leí en inglés porque no podía esperar a la traducción, que pedí por Reyes una agenda electrónica de Harry Potter (¿?) y que jugué a los videojuegos de ordenador. Pero, por otro lado, tardé unos diez años en pasarme por Pottermore, y este libro que os voy a reseñar en breves es el único que me he leído del universo HP que no pertenece a la saga. Ahora que ya está todo dicho, entremos en materia.

Esta miseria de libro, porque no se le puede llamar de otra manera teniendofwooper2 escasas cincuenta páginas, es realmente un manual de colegio. Todos sabéis ya de sobra que no es una historia, y que no, no hay ningún tipo de referencia a Harry y cía. Esto no lo hace menos atractivo a los ojos de un fan de la saga, porque realmente amplía el mundo y los seres/bestias que habitan en él. Hasta alguien como yo le ve su gracia, especialmente porque produce el famoso efecto nostalgia al leer con más detalle sobre algunos de los animales con los que ya me había topado en los libros originales. Es una lectura rápida y amena, con algún que otro toque humorístico (diríjanse a la sección del runespoor, por favor), y que, aunque sea de refilón, nos habla un poco de quién era Newt Scamander y nos enseña un atisbo de un Dumbledore en actitud pasivo-agresiva que, francamente, es un poco cómica.

Ahora bien, tengo mis quejas. La primera de ellas viene a ser un lamento a que no se haya reeditado el libro con ilustraciones (querido Jim Kay, si es necesario, haré la danza de apareamiento del erumpent). Ojo, pero ilustraciones de verdad, no esas mierdecillas contadas que dibujó J. K. Rowling en su momento. Querida, tus descripciones no son lo suficientemente precisas como para que yo me haga una imagen mental del bicho. Gracias. Mi segunda queja viene revestida de perplejidad ante la incongruencia que me supone el hecho de que se hayan quedado fuera del manual criaturas como los boggarts, gigantes, hinkypunks, veelas e, incluso, dementores (entre otros). ¿Por qué? Todas ellos salen en el tercer (1999) y cuarto libro (2000), que se publicaron ambos antes que Animales (2001), eso quiere decir que la autora no solo ya los había creado, sino que nos los había dado a conocer. Así que, maldita sea, Rowling, no me dejes con tantas preguntas.

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¿Qué decir de la película? Empezando por el principio, queda claro que lo que comparte con el libro es más bien poco: el título, el personaje principal y algún que otro animal fantástico. Y no podía ser de otro modo, en verdad, recordad que el libro no es libro, sino manual. Entonces, ¿cuál es el motivo por el que, de golpe y porrazo, hayan decidido hacer no una, ni dos de estas películas, sino cinco, que ya se dice pronto, de una miseria de libro? Dejando a un lado la más obvia (dinero), parece que Rowling quiere revisitar el mundo (sin escribir novela), y tirando del hilo pre-Voldemort que ya nos dejó entrever en su día. Es decir, la historia del ascenso y caída del mago malvado de más renombre hasta que llegó quien-ya-vosotros-sabéis: Gellert Grindelwald. Esto ya me puso de morros en su día, puestos a revisitar, ¿por qué no hacer una película de los Merodeadores? Si hasta os han hecho el fancast por vosotros, hombre ya.

He oído de todo desde que se estrenó. Gente que salió encantada, y otra a la que le decepcionó profundamente. Yo prefiero ir con precaución. Es la primera de cinco películas y ponerse a comparar Animales con la saga original me parece absurdo por razones obvias. Lo que sí me llamó la atención es el detalle de los colores. Exceptuando el interior de la maleta de Newt y la nota de alegría que aporta Queenie, la paleta de colores de toda la película es increíblemente oscura. Esto ya lo pudimos ver en Harry Potter, cómo la gama de colores oscuros aumentaba con cada entrega, pero me parece muy pronto para Animales.

Dejando a un lado teorías traídas de los pelos, espero que la disfrutéis, con nostalgia o sin ella. Además, os recomiendo que leáis el libro, antes y/o después de verla, aunque solo sea para que en un momento dado digáis “¡ah! ¡Conque así es realmente un demiguise!” y os deis el gustazo de unir descripción con imagen. Así que, como habéis podido comprobar, en este caso no hay pelibro ninguno (ni siquiera creo que pueda llamar a esta película una adaptación), ¡podéis ir tranquilamente a verla, palabrita!

¡Feliz martes, potterheads! ¡Y también a los que no lo seáis! 😉

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“A Little Life”, de Hanya Yanagihara.

Durante mucho tiempo fui incapaz de entender esa frase, tantas veces repetida, que dice que hay ciertos libros que solo alcanzan un sentido especial para uno mismo dependiendo del momento de tu vida en que los leas. Creía, erróneamente, que se refería a que hay libros que solo eres capaz de disfrutar enteramente, sin prejuicios, a una determinada edad (véase ciertos libros de infantil-juvenil); pero, aunque es cierto que los lees de forma distinta a medida que creces, este hecho apenas modifica la magnitud del impacto que tienen sobre tu percepción del mundo.

Creo que esta visión mía empezó a cambiar, de forma sutil, cuando leí El secreto”, de Donna Tartt. Algo había empezado a removerse cuando Hacia rutas salvajes cayó en mis manos, pero puedo afirmar con casi total seguridad que el libro de Tartt fue el revulsivo que me hizo darme cuenta que había libros ahí fuera que me hablaban a unos niveles que los libros de fantasía y ciencia ficción, mis predilectos, no eran capaces de emular. O, tal vez, que estos últimos, aun habiendo sido (y siguen siéndolo) una fuente inagotable de alegrías durante años, no eran capaces de suministrarme un componente emocional con el que yo pudiera sentirme identificada.

“El secreto” y “A Little Life” solo tienen en común el ser, como yo los llamo, libros de personajes. Ahora me diréis, pero, mujer, todos los libros son libros de personajes. Sin personajes no hay historia. Y yo os diré que tenéis toda la razón del mundo, pero que también os equivocáis, que solo estáis considerando una pequeña parte de la verdad. Lo que yo califico como libros de personajes son aquellos donde la historia, como tal, es irrelevante. No importa dónde empiece o dónde acabe, qué giros argumentales te encuentres por el camino, porque ninguno de estos factores son el núcleo de la novela. El núcleo, como tal, es el personaje. En el sentido de que toda la narración gira en torno a él: lo que piensa y cómo lo piensa, lo que le ocurre y cómo reacciona a ello, cómo le afecta. Los libros de personajes están hechos para que experimentes la historia desde dos puntos de vista, a un tiempo; el del personaje y el tuyo, como observador ajeno a la trama. O en otras palabras, sufrimiento doble.

Una vez llegas al punto y final del libro hay tanto de ese personaje ficticio en ti (su forma de pensar, sus impresiones, sus alegrías y sus decepciones), que cuesta un mundo desprenderse de esa piel y volver a la tuya. Ah, pero en esos días en los que has estado inmerso en la vida de otra persona, qué cercano, qué brillante te ha parecido ese mundo. Cuánto has experimentado.

“A Little Life” es la historia de una vida, sí, pero no pequeña, ni mucho menos.

Por Louisa Cannell

Ni quiero ni puedo entrar en más detalles, en nombres, en descripciones. Analizar la trama, los personajes, dejaros la sinopsis; todo eso sería arruinaros la experiencia única de leer esta historia. Abrir el libro siendo unos completos ignorantes de lo que os vais a encontrar entre sus páginas es lo mejor que os puede pasar. Sin ideas preconcebidas, sin prejuicios. He notado que el público lector tiende a tener reacciones extremas de cara a este libro y, creedme, estas son las historias que merecen la pena leer las 720 páginas, sí. Ahora bien, ¿qué puedo contaros de este libro, entonces, sin moldear vuestra percepción de la historia? Siendo francos, nada. Así que permitidme la libertad de predisponeros positivamente a que la leáis, comentando mi impresión general de la que ya os he hablado, en parte, un poco más arriba.

Para empezar, no recuerdo haber tenido una reacción tan visceral hacia un libro, nunca. Tal vez sea la forma de narrar de Yanagihara, la manera en que aborda todos los temas candentes encadenados en la trama (y creedme, son unos cuantos, y muy, muy actuales: diversidad racial, sexual, religiosa, y un largo etcétera), cómo cambia la perspectiva dependiendo de en qué personaje se centre. El hecho es que estas pequeñas sutilezas de la narración crean diminutas grietas en la fachada de sus personajes, permitiéndote ver a través de ellas lo que realmente está ocurriendo. De primera mano y sin medias tintas. No os voy a mentir, ha sido muy duro leer ciertas partes de la historia. Ha habido momentos en los que he tenido que cerrar el libro y retomarlo al día siguiente. Y ha habido lágrimas, también; de todo tipo.

Todas estas reacciones y reflexiones por mi parte no son solo resultado de la naturaleza de los hechos que narra este libro, sino también de mi conocimiento de cómo va a afectar a los personajes. Y yo creo que este es el gran logro de la autora, el hecho de que muchos aspectos de este libro invitan a un juicio por parte del escritor, y ella, de forma elegante, lo evita. Sospecho que de ahí deriva la gran cantidad de reacciones por parte de los lectores, porque al final somos nosotros los que nos estamos salpicando, y los que, según cómo seamos y lo que hayamos vivido, juzgamos.

La belleza de un libro reside en que, cada vez que alguien lo abre por su primera página, este cambia. No es el mismo libro para ti que para mí, aunque las palabras sí sean las mismas. Cada uno de nosotros pone algo de sí mismo cuando empezamos a leer, creando una experiencia única. Creo firmemente que este particular aspecto de la lectura se ve acentuado en libros como “A Little Life”. Y por eso os invito a leer, a mancharos, a experimentar y a juzgar. Os invito a que este libro os cambie, aunque solo sea durante unas semanas. Os invito a que os sumerjáis en la cantidad de matices y sabores que ofrece esta pequeña vida.

Recordad, no leáis la sinopsis, y tampoco os paséis buscando reseñas. Por una vez, la ignorancia juega a vuestro favor.

 

¡Feliz jueves, disfrutad de vuestras lecturas! 😀

PD. Yo leí “A Little Life” en inglés por las razones de siempre (no quería perder nada por la traducción, y salía más barato), pero también porque descubrí que no está traducido al español. Así que, si solo leéis en español, tengo buenas noticias para vosotros, la editorial Lumen lo ha traducido para vosotros (“Tan poca vida”) y la tendréis en septiembre, recién salida del horno, para que la disfrutéis al máximo.

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Trilogía de “El Mar Quebrado”, de Joe Abercrombie.

Pido disculpas por haber estado desaparecida en los últimos dos-tres meses, pero tengo razones de peso: *inserte aquí excusa lo suficientemente creíble para que nadie la cuestione, i. e. exámenes, et voilá*. Bromas aparte, una de las principales razones por las cuales no he puesto pie en este mi blog es porque he estado terminando dos trilogías (y que estoy trabajando fuera de España), y yo no hago reseñas de trilogías hasta que me no me leo la última página del último tomo. ¿Y qué quiero decir con esto? Que se me han acabado las excusas a largo plazo y me toca ponerme a trabajar, así que vamos a ello. He aquí la reseña de la trilogía de El Mar Quebrado, de Joe Abercrombie.

Yarvi, el hijo menor del rey, nació con una malformación en una mano que ha llevado a todo el mundo a considerarlo «medio hombre». Por eso, en lugar de convertirse en guerrero como los demás varones de su estirpe, se ha dedicado a estudiar los secretos de la Clerecía. En la víspera de la última prueba, llega la noticia de que su padre y su hermano han sido asesinados, por lo que él es el nuevo rey.

Pero tras una terrible traición a manos de sus seres más queridos, Yarvi se encontrará solo, en un mundo regido por la fuerza física y los corazones fríos. Incapaz de llevar armadura o de levantar un hacha, deberá afilar su mente. Cuando se junta a su alrededor una extraña hermandad de almas perdidas, descubrirá que esos compañeros inesperados tal vez puedan ayudarle a convertirse en el hombre que quiere ser.

Vayamos por partes, que dijo Jack el Destripador. Esta trilogía no es una trilogía de juvenil fantástica al uso, y no lo es por varias razones. La primera de ellas, y la más llamativa, es que cada uno de los tres tomos está narrado por un personaje diferente,  y aunque todos se ciñen al hilo principal de la novela, que es la historia del Mar Quebrado, aportan obviamente una visión diferente del conflicto, con continuas referencias a sus propias vidas. Esta idea de cambiar de narrador, aunque inesperada, me parece una apuesta más que acertada. No solo es un recurso muy astuto para abordar de la mejor manera posible lo que está pasando en cada momento concreto de esa guerra, sino que, el hecho de que el testigo lo recoja cada vez un personaje distinto, pero manteniendo al narrador previo, hace que no solo no pierdas el interés, sino que, por ejemplo, veas a Yarvi (el primero en hablarte) tanto desde su propia perspectiva, como desde la perspectiva de otros. Y creedme, el cambio es sumamente interesante. Con esto quiero decir que aunque parezca que no te da tiempo a conocer al narrador del primer libro, a ponerte en sus zapatos, como realmente no lo vas a perder de vista en los dos tomos posteriores, al final tienes una idea bastante buena (y completa) de quién es, y qué motivos le mueven.

Otra característica que diferencia a esta trilogía del resto de la juvenil fantástica, es que esta es verdaderamente una historia de juvenil fantástica, y no lo que estamos acostumbrados a leer. ¿Por qué, entonces? ¿Qué la hace diferente? O más bien, ¿por qué esta trilogía lo es y las otras no? La respuesta es muy sencilla, y para encontrarla tan solo tenemos que remontarnos a la definición original de fantasía juvenil. Y me explico. Lo que ha escrito Abercrombie es una adaptación más light y menos complicada en términos de política, estrategia y guerra, de lo que conocemos como la high/epic fantasy. Mientras que libros como “Throne of Glass”, “Red Queen” y similares, en comparación, son historias frágiles y simplonas, que no han visto un cuchillo en su vida, mucho menos una guerra. No conocen el regusto metálico de la sangre, y  cuando oyen una palabra malsonante suelen desmayarse del disgusto. Y, creedme, no es porque no tengan conflictos o guerras en ellos, que los tienen. O dicen tenerlos.

Representación gráfica de esto último.

Y siguiendo el hilo de comparaciones, dejadme que os hable un poquitito de los personajes. Más concretamente, de los personajes femeninos a partir del segundo libro, inclusive. Me ha faltado poco para morirme del gusto. Abercrombie ha cogido todo lo que olía a cliché, ha hecho una bola con ello y le ha prendido fuego. Y a partir de las cenizas ha creado a esta variedad de mujeres, en distintos puntos de la escala de poder. Hay tal abanico de personalidades, físicos, de estrategias, formas de enfocar las cosas, que os prometo que se lo daría a leer a cualquier muchacha adolescente para que viera la cantidad de formas que hay de ser fuerte (y no, fuerte no quiere decir que todo te resbale y aguantes estoicamente cada palada de mierda que te echen por encima), sin importar tu origen, el color de tu piel o si eres más o menos femenina fuck that concept, por cierto. Que de algún modo se viera representada, y quisiera ser tan guerrera como Espina, o tan astuta como Laithlin.

La calidad de esta trilogía también se debe también, en parte, al mimo por el detalle, que ya es una seña de identidad de Joe Abercrombie. A una de las protagonistas le baja la regla (como suele ser normal en una mujer entre los trece y los cuarenta y tantos, aunque a un 99.9% de los escritores/as de juvenil se les olvide). A un soldado, en plena batalla, su propio compañero de armas le arrea al intentar clavarle la espada a un enemigo, por falta de espacio. Detalles, amigos míos, detalles. Es lo que le da vida a una historia.

Por último, aunque no menos importante, me veo en la obligación de comentaros que no todo es perfecto. Así como el segundo libro de esta trilogía es una perla de este género, el tercero cojea en comparación. Inmediatamente después de terminarlo pensé que esa incómoda sensación que tenía era por el final, y claro, eso es algo completamente subjetivo (te puede gustar o no gustar, eso no lo hace más o menos bueno). Y no es que el final sea malo como tal: está trabajado, tiene ese punto de sorpresa que apenas ves venir y, lo más importante, es coherente  con toda la historia previa. El problema, después de pensarlo largamente, es que la pauta que sigue la historia en este tercer libro es muy parecida a la del segundo, y el segundo, como ya os he comentado, me pareció un lujo, algo difícil de superar que, evidentemente, esta entrega no ha superado. Aunque también puede  ser que tres cuartas partes de este libro son una guerra jamás lo habríais adivinado, ¿eh? Debe ser tremendamente difícil escribir el desarrollo, tanto político como físico, de una guerra en tan pocas páginas, considerando que Abercrombie es un genio escribiendo batallas, pero en libros cuatro veces más extensos. ¿El resultado? Da unos saltos temporales demasiado grandes y muchos de los detalles que le dan ese aire de realidad a una batalla se pierden.

Sin embargo, que esto último no os desanime: merece la pena perderse en la historia del Mar Quebrado.

¡Feliz martes veraniego a todos!

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